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A medida que aumente la educación de la población y cambien los hábitos alimenticios, puede producirse una sinergia entre lo que aconsejan las medidas de sanidad y lo que ofrece el mercado

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No es posible resolver un problema tratando de ocultarlo. Por eso es bueno que últimamente destaque en la prensa y entre los temas de conversación el de la comida saludable y en cantidad adecuada.
El problema reside en que necesitamos mejorar nuestras costumbres al respecto para evitar las enfermedades a causa del exceso de ciertas grasas, de azúcar y sal refinadas, el sedentarismo y el sobrepeso.
Todo eso vendrá por la vía de la educación, como casi todo. En materia de alimentación, terminarán siendo los consumidores los que lleven al cambio a la industria y el comercio que casi siempre buscan satisfacer nuestras necesidades a la vez que hacer negocios.
El viernes anterior publicamos que los magistrados de la Sala Constitucional rechazaron un recurso de amparo interpuesto contra el reglamento que regula el funcionamiento de las sodas escolares.
Esto permitirá que en los centros donde los niños y adolescentes van para educarse, se pueda propiciar un ambiente coherente con los conocimientos que ahí se impartirán, entre ellos, los relacionados con la alimentación.
También publicamos el viernes una información sobre la competencia actual entre los establecimientos que venden hamburguesas. Una sana competencia y unos mejores consumidores podrán marcar cambios también en ese tipo de ofertas que poco a poco han ido incorporando hortalizas frescas, menos grasas saturadas y más ensaladas con bajo contenido de calorías.
A medida que aumente la educación de la población y cambien los hábitos alimenticios, es probable que los diferentes establecimientos que ofrecen comidas encaucen sus esfuerzos hacia productos atractivos, sabrosos pero a la vez saludables. Entonces puede producirse una interesante sinergia entre lo que aconseja la educación y lo que ofrece el mercado. El cambio es una tarea de todos.
Para adaptarse y estar preparados hacia esos cambios necesarios, ya algunas empresas de la industria de alimentos y bebidas trabajan en introducir mejoras a sus productos.
Costa Rica no es una excepción en este sentido sino que se suma a un movimiento impulsado en varios países donde los malos hábitos de alimentación han producido serios problemas de salud que afectan a las personas y a las familias así como a las instituciones públicas de sanidad y sus presupuestos.

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