Tomas Nassar

Tomas Nassar

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Jueves 14 Abril, 2011


Vericuetos
Pollito Chicken

Con esto de la inauguración del Estadio Nacional surgieron un montón de “pollos”, como les dicen los colegiales a los carajillos que entran a primer año, totalmente ingenuos y tan perdidos que no saben ni cómo ni a dónde ir.
En mis tiempos del cole a los pollos nos pelaban cocos, una práctica de efectos “bipolares”, para usar esa palabrilla tan tuanis que está de moda. Claro que era, por un lado, una afrenta a la dignidad del pollo el ser desplumado después de ser capturados por la horda enardecida de los “mayores”, previa persecución por media calle. Destino irremediable. Mijito, mejor déjese pelar, no vaya a ser que le saquen un ojo con las tijeras, sancionaban las mamas entre preocupadas, felices y ansiosas de ver llegar a su pollito a la salida de clases, totalmente tijereteado. ¡Pero con qué orgullo, por Dios, nos encaramos la boina para a dar un avenidazo esperanzados de que todos se dieran cuenta de que ya éramos grandes porque finalmente habíamos llegado a la secundaria.
Esa característica de pollitos inocentes, que nuestro amigo Alf Giebler define en su libro de costarriqueñismos “A lo Tico”, resalta como una característica de nuestra personalidad colectiva alrededor de los eventos organizados con ocasión de la apertura del nuevo Estadio.
De pollos se fueron los directivos de la Federación de Futbol que omitieron estudiar el contrato firmado, dicen que entre la empresa organizadora o alguien más (no muy claro aún) y los argentinos. De pollos crédulos si no se cercioraron con suficiente anticipación de que las estrellas pamperas no solo tenían que venir, sino también jugar.
De super pollos cuando se dejaron engatusar que Messi estaba lesionado y cuando permitieron que también sentaran a Di María y las otras luminarias.
Pollo en salsa los que no incluyeron cláusulas de protección a los intereses de los aficionados, que pagaron pequeñas fortunas personales para cumplir un sueño fallido: ver al único jugador del mundo que se recupera de una lesión en un santiamén.
Arroz cantonés con pollo los que ídem con la Selección de China que ofreció un equipo A y mandó uno B, pero menos pollito el comentarista que con fatal certidumbre nos advirtió: “Cómo vamos a saber si los chinitos que vinieron son los que dicen que son si todos son igualitos”. Sabía sentencia.
Y como si fuera poco, pollito frito los organizadores del concierto del año, si es que fuera cierto, que no lo sé, el rumor ese con sabor a queja apesadumbrada de que la Shakira no cantó sino que repitió (como una lora) el play back (¡opa!) de sus canciones. ¿Será que a nadie se le ocurrió que el contrato con la colombo-libanesa debía exigir que cantara de viva voz, que fue para lo que se le pagó? ¿Será que se devolverá parte de la entrada a los que no se conformaron con verla contorsionarse en el escenario?
No sé, pero tanta pollada me pone nervioso. Parece que o falta cancha a la hora de negociar, claridad a la hora de promocionar, certidumbre a la hora de comprar.
Para mí que los chinos nos bailaran con la B, que los argentinos nos bailotearan con la C y que la Shaki nos danzara pero no cantara, me deja una sensación muy fea, de esas que se sienten cuando a uno alguien le ve la cara de maje.
No si es que para la próxima mejor vemos primero y pagamos después, para no ser tan pollos. Digo yo.
Más cuidado y menos plumas, por favor.

Tomás Nassar