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La falta de inversión en infraestructura durante 30 años tiene en difícil situación hoy a los sectores productivos del país

Políticas equivocadas, peligrosas consecuencias

Las políticas que llevaron a desactivar de modo importante el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT), que dejó entonces de ampliar y dar mantenimiento a la infraestructura del país, les significan hoy un problema a los sectores productivos que sufren una baja por esa causa y esto se convierte en menor bienestar social.
Nos lo cuentan el “Doing Business” del Banco Mundial y el Informe de Competitividad del Foro Económico Mundial, de setiembre de este año, y coinciden con esto los sectores productivos, según informó este medio ayer. La mayor debilidad de nuestro país está en la red vial.
La Costa Rica eficiente para la productividad que aportaron gobernantes de otras épocas, creando una amplia red de carreteras y caminos de penetración por todo el territorio nacional y manteniendo un sistema de transporte ferroviario, se ha venido abajo en las últimas décadas. El tren, porque fue suprimido por políticas equivocadas. Las carreteras y caminos, porque un MOPT debilitado y desatendido dejó de funcionar como lo hacía antes para estos fines.
El resultado es que los sectores productivos hoy se encuentran en difícil situación que no ha podido resolverles la presente administración. Esto probablemente se deba a que el aparato estatal, tan relegado, comenzó a generar en su interior desestimulación y a crear vicios en sus sistemas operativos, además de desactualizarse en ciertos casos. Cambiar esta situación requería decisión, voluntad e independencia.
Error sería simplificar y atribuir las calamidades a los funcionarios, cuando ellos no han sido más que ejecutantes de las órdenes emanadas de jerarcas y de políticas elegidas por los gobiernos. Esto engendró la actual burocracia y el sistema entrabado que impide iniciar con agilidad el camino de hacer lo que no se hizo en 30 años de abandono de la inversión y el trabajo en infraestructura. La salida más fácil es la de entregar ciertas obras, las más rentables, en concesión, pero ahí también hemos fallado y además es insuficiente.
El estímulo a la empresa privada para generar productividad y desarrollo se dio, aunque en forma antojadiza y sin un proyecto país que lo guiara. Esto originó un crecimiento algo caótico y un desperdicio de oportunidades. Pero los proyectos no se acompañaron de medidas para lograr un Estado eficiente y actualizado que continuara la labor emprendida en épocas anteriores para que los sectores productivos actuaran en un país con adecuadas comunicaciones terrestres, aéreas y portuarias.


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