Poder político gay alcanza récord con cambio de actitud en EEUU
Imagen con fines ilustrativos. Shutterstock/La República.
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Cuando los estadounidenses gay obtuvieron algunas de sus mayores victorias políticas en los últimos 12 meses en materia de matrimonio igualitario y servicio militar, sus opositores se dispusieron a preparar una batalla intensa para dar marcha atrás con los nuevos derechos.
El embate, tanto en las legislaturas estatales como en Washington, aumentó la importancia de la elección 2016 para la comunidad lesbiana, gay, bisexual y transexual, que está tratando de ejercer su poder político sin precedente para elegir legisladores que amplíen las protecciones federales en el trabajo y protejan a los ciudadanos gay, del mismo modo que la Ley de Derechos Civiles de 1964 protegió la raza, la religión y el género.
“Era fácil olvidar lo grande que sigue siendo el desafío”, dijo el representante Sean Patrick Maloney, el primer congresista abiertamente gay elegido por los neoyorquinos en 2012. “Es más importante que nunca que tengamos gente en los cargos electivos, que tengamos organizaciones fuertes en la comunidad y que sigamos construyendo alianzas en la comunidad heterosexual”. La mayoría republicana en el Congreso continúa siendo hostil a estos temas, agregó.
La base de poder gay es más fuerte que nunca. Maloney es uno de los siete legisladores estadounidenses abiertamente gay –la cantidad más alta hasta el momento- y el número de miembros del LGBT Equality Caucus de la Cámara creció 58 por ciento en este período de sesiones. Hay alrededor de 500 políticos LGBT que ocupan cargos electos en todos los niveles de gobierno estadounidense y casi 200 más que se presentan como candidatos este año, incluidos 11 para el Congreso, según el Gay and Lesbian Victory Fund, que apoya a dichos candidatos.
Ahora, según Maloney, la mayor prioridad es elegir a más demócratas y políticos gay con el fin de obtener apoyo para una ley federal de gran amplitud, la Equality Act, que otorgue a los residentes LGBT en los Estados Unidos las mismas protecciones civiles acordadas por la raza, la edad y la religión.
“Esto pasó claramente de ser un juego desde afuera a ser un juego desde adentro”, dijo Jeff Trammell, lobista de Washington, que ha participado activamente en campañas políticas que se remontan a la candidatura presidencial de Al Gore en 2000. “Hemos alcanzado sin duda un punto de inflexión dentro del partido Demócrata. La aceptación cambió mucho más rápido de lo que esperábamos. Nos hallamos de algún modo en un proceso de puesta en orden”.
Trammel, cuyo matrimonio con su pareja de muchos años fue celebrado en 2013 por la ex jueza de la Corte Suprema estadounidense Sandra Day O’Connor, estima que 20 por ciento de sus colegas recaudadores de fondos para la presumible candidata demócrata, Hillary Clinton, son miembros de la comunidad LGBT. Un número cada vez mayor de integrantes claves del personal en la campaña, como el tesorero del Comité Demócrata Nacional, Andrew Tobias, es abiertamente gay.
Es difícil dar una cifra específica en dólares del dinero LGBT en la política. Pero es indudable que el gasto es mucho más visible que hace dos décadas, dijo Tobias, que es tesorero del Comité desde 1999 y participa en la recaudación de fondos desde los comienzos de las campañas de Bill Clinton para presidente.
“Es difícil cuantificarlo, pero me parece evidente que la comunidad LGBT viene representando más que su cuota prorrateada en los años que llevo como tesorero –y con justa razón”, dijo Tobias. “En lo que a igualdad respecta, un partido está con nosotros y el otro trata de frenarnos a cada paso”.


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