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La lucha contra el narcotráfico y la corrupción no puede restringirse solo a servicios de salud y becas escolares (indispensables), también se debe eliminar la impunidad y dar comida y empleo a quienes no lo tienen

Pobres y corruptos: los más vulnerables

Quizás porque vivimos entusiasmo y expectativa por las elecciones y a poco tiempo de conmovernos por la tragedia de Haití, no evidenciamos igual estremecimiento por el desastre en Ciudad Juárez, al norte de México.
Ahí, según las agencias de noticias, los carteles de la droga de Juárez y Sinaloa se disputan la plaza a punta de desgarradores baños de sangre que han sumido a la población en hondo dolor por sus muertos, además de sufrir la tortura del miedo, la pobreza y las enfermedades. Un “infierno” más de tantos que avergüenzan en este planeta de grandes “adelantos” y “desarrollo” de inicios de siglo XXI.
En Ciudad Juárez ha puesto ahora su atención la administración de ese país, ante los extremos alcanzados por la violencia, debido a la cual hace poco 15 jóvenes que disfrutaban en una fiesta fueron asesinados.
“No tenemos soluciones mágicas prefabricadas, lo que queremos es escuchar y definir acciones conjuntas de gobierno y sociedad”, dijo Abelardo Escobar Prieto, ministro de la Reforma Agraria, designado la semana pasada por el presidente Calderón como su representante en la ciudad, según se informó.
Esto, puesto en práctica desde hace mucho tiempo, quizás habría podido evitar tantas muertes, dolor y temor.
Deseamos el mejor de los éxitos a quienes hoy buscan caminos de solución a la tragedia que se vive, no solo en México y especialmente en Ciudad Juárez, sino en muchos otros lugares del mundo debido al negocio clandestino de las drogas, a la pobreza y a la descomposición social.
Se dice que la situación de Ciudad Juárez es que ha vivido demasiado tiempo bajo los efectos de la impunidad. Informes de las agencias de noticias dicen que el presidente Calderón afirma que el problema “se debe a que las organizaciones antes exportaban su droga a Estados Unidos y no les interesaba el mercado local, pero al crecer la economía de esta urbe y su población juvenil, la metrópoli se convirtió en apetitosa”.
Otras afirmaciones de organismos no gubernamentales dicen que ahí han quedado los más pobres y desamparados ya que quienes tenían más recursos se fueron a vivir a El Paso (Estados Unidos).
Pareciera que los intentos de cambiar la situación no pueden pasar solo por servicios de salud y becas escolares (indispensables), sino por dar comida y empleo a los que no lo tienen.
Se necesita sanar el tejido social. Si los niños y adolescentes cuentan con estabilidad y protección en sus hogares y en la sociedad, ese será siempre su refugio y la base sobre la cual desarrollen su maravilloso potencial humano.
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