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Lunes 1 Abril, 2013

Si el plazo previo (en construcción) no se concede y el equipo no define su interés común, quizás el plazo corto lejos de bajar los costos va a encarecer el proyecto


¿Plazos cortos, ahorro de dinero?

Los plazos de las obras, tanto para clientes como para inversores, requieren que su construcción esté lista en un plazo muy corto, pues de la misma forma se consigue el retorno de la inversión.
Desde el punto de vista de una constructora, si se logra bajar tiempos de ejecución podemos bajar el costo de gastos indirectos, hacer el proyecto más rentable y facturar el contrato en menor tiempo, recuperando el capital de trabajo invertido a la brevedad.


Para dar esta velocidad, debemos programar la obra en forma extraordinaria, con el cuidado y tiempo necesario para que esta sea un éxito, una vez se dé la orden de inicio, en plazo, costo y calidad.
El tiempo de programación previo al inicio de la obra es quizás igual de importante que el de ejecución. Es el plazo cuando la empresa debe formar su equipo de trabajo, negociar los subcontratos principales, presentar submittals, aprobar planos de taller, etc.
Sin embargo, la empresa constructora depende de unos planos que el consultor diseñó, los cuales deben venir ampliamente detallados, de un cliente que debe revisar y validar estos planos y, en algunos casos, de un project manager que viene a facilitar un orden en los roles de las partes durante la ejecución.
Todas las partes involucradas en el proceso deben estar sincronizadas y caminar conjuntamente buscando el mismo objetivo, optimizar los tiempos sin sacrificar costos y calidad.
Cuando uno de esos actores no está matriculado con el objetivo, las cosas no caminan a la velocidad requerida y los plazos no se logran.
Aunque suene contradictorio, podemos decir que los plazos cortos no siempre son sinónimo de ahorro… ¿Cuándo el corto plazo no es sinónimo de economía?
Cuando no se le da el tiempo a la constructora para planificar la obra, cuando se da una orden de inicio atropellada, cuando los consultores dejan los detalles de los planos para resolverlos de camino o en su defecto no están comprometidos con una inspección expedita. Entonces, por más que la constructora quiera desarrollar velocidad la parte consultora o cliente no se lo permiten.
Cuando los cambios son constantes, es aún más dañino para el avance de la obra, ya que se avanzan dos pasos para delante y se retrocede uno.
El cliente normalmente no se da cuenta del daño que le hace a la obra hasta cuando ya es muy tarde… entonces es cuando se empiezan a generar gastos no presupuestados que a todos les causan un detrimento económico.
A la constructora se le pide acelerar el paso a destiempo usando horas extra y horarios extendidos, trabajos nocturnos, pagando a veces “caprichos”.
La empresa se siente amenazada por multas, se presiona y toma riesgos que pueden hasta producir accidentes. Además, se abre la posibilidad de cometer errores constructivos más fácilmente, luego se dan las demoliciones, en fin problemas, atrasos y mayores costos.
Efectivamente, con los plazos cortos ahorramos dinero; pero para que esto sea así, todos debemos programar con suficiente tiempo la obra: equipo consultor-constructor-cliente. Si todo este equipo no define su interés común, quizás el plazo corto lejos de bajar los costos va a encarecer el proyecto.

Jorge A. González
Miembro Junta Directiva Cámara Costarricense de la Construcción