Alejandra Esquivel

Alejandra Esquivel

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Jueves 29 Enero, 2015

Quien cree resolver escenarios desfavorables en detrimento de personas, no merece llamarse a sí mismo líder ni vocero de nada ni nadie


Pincelada hacia un verdadero líder

A raíz de mi última columna, “Sentí asco, no quiero decirlo en bonito”, en la que manifesté mi posición desaprobatoria por las últimas medidas proteccionistas a favor de la actividad arrocera del país, un vocero de Conarroz (Corporación Arrocera Nacional) escribió un foro poco serio en respuesta al mío.
No creo que dicho foro merezca ni su valioso tiempo, ni el mío, a final de cuentas, la fortuna de vivir en un país como el nuestro es justamente que podamos decir lo que pensamos y de ello se deriven debates sanos sobre temas que nos afectan e interesan.
Como en dicho foro lo que se hizo fue atacar, en lugar de argumentar a favor del tema, como naturalmente lo está un vocero de Conarroz, los invito a apreciar este contexto como una oportunidad para construir.
Doy por sentado que no tengo ni una tercera parte de la experiencia profesional, ni de vida, que tendrán muchos de ustedes, pero, si hoy me pidieran compartir cuál es para mí la máxima del liderazgo, diría que es la capacidad, para muchos el arte o la sabiduría, de atacar los problemas y no a las personas.
Para poder resolver dificultades, sin importar si son familiares o empresariales, en lugar de arremeter contra alguien que tenga una posición diferente a la suya, le sugiero verlo como una oportunidad para tomar dos acciones:
Uno, tratar de expandir su propio espectro de conocimientos. No creo que alguien tenga la verdad absoluta, al menos sí estoy segura de que yo no la tengo, de ahí que puedo dar crédito de que dos cabezas piensan mejor que una… y ni se diga que de un verdadero equipo saldrán estrategias mucho más enriquecedoras que de las que deriven de líderes autoritarios a los que solo les interesa que se hagan las cosas que ellos dicen, cuando ellos dicen, de la forma y por las razones que ellos escuden.
Dos, vuélvase un experto en la resolución de problemas, sin manejar los conflictos como si se tratara de “una cosa personal”. Lo primero le hará un líder invaluable; con lo segundo solo merecerá pena ajena. Un verdadero líder resuelve, no ataca personas.
Claramente un líder tiene la responsabilidad de marcar rutas para abordar las metas que se deban alcanzar (de nuevo, no estamos hablando categóricamente de rentabilidades empresariales, bien podría tratarse por ejemplo de comprar su propia casa). No hay rutas genéricas para encontrar soluciones.
Un verdadero líder tiene claro cómo reunir a la gente adecuada, los recursos, el presupuesto, el conocimiento de experiencias anteriores y anticipando lo inesperado, buscando conducir los desafíos hacia soluciones sostenibles. Quien cree resolver escenarios desfavorables en detrimento de personas, no merece llamarse a sí mismo líder ni vocero de nada ni nadie.
Sin lugar a dudas mi columna de hoy solo esboza una pincelada de lo que creo que construye a un verdadero líder. Pero no en vano esta frase de Mahatma Gandhi es digna de permanecer generación tras generación: “Cuida tus pensamientos, porque se volverán actos. Cuida tus actos, porque se harán costumbre. Cuida tus costumbres, porque formarán tu carácter. Cuida tu carácter, porque formará tu destino. Y tu destino, será tu vida”.
 

Alejandra Esquivel Guzmán

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