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Pesadilla bucólica

• Le falta intensidad y energía, a la extraña historia de una madre en busca de su hija desaparecida

La obscuridad
(The Dark)
Dirección: John Fawcett. Reparto: Maria Bello, Sean Bean, Maurice Roeves, Sophie Stuckey. Duración: 1.33. Origen: Alemania-Inglaterra 2005. Calificación: 5.

En 2005, Maria Bello puso su propio nombre en el mapa de las actrices más interesantes de su generación. Ese año, ella ofreció un vibrante desempeño en “Una historia violenta”, lúcida obra maestra de David Cronenberg; además, trabajó en cuatro películas adicionales, incluyendo “La obscuridad”.
Es una producción británica, basada en una novela de Simon Maginn. La interpretación de Maria Bello es precisamente lo más destacado de esta cinta de terror, que desarrolla un concepto bastante peculiar, aunque logrado a medias. Es la idea de forjar una pesadilla bucólica, provocando inquietud, suspenso y miedo, a partir de una ambientación absolutamente serena, luminosa, pastoral. Si bien el resultado es bastante fuera de lo común, le falta intensidad y energía a esta historia extraña, que dura demasiado en llegar a lo emocionante.
Adèle es una mujer norteamericana, que vive separada de su esposo James. Junto a Sarah, su hija adolescente, Adèle viaja hasta la casa de James, en las costas de Gales, con la intención de compartir un tiempo con él y tal vez reanudar la relación que existía entre ambos.
Poco después de su llegada, Sarah desaparece en el mar, sin dejar rastro. Todo esfuerzo por encontrarla es vano, pero la madre no se resigna. En su búsqueda, Adèle conoce a una jovencita misteriosa. Ella podría ser la reencarnación de Ebrill, una chica fallecida hace 60 años, en el transcurso de un suicidio colectivo provocado por el líder de una secta pagana.
Con sus referencias a cultos tenebrosos y leyendas ancestrales de la tradición galesa, el cuento tiene el mérito de alejarse de los cánones más frecuentados del género. Muchos de sus elementos argumentales son novedosos, lo cual no significa que sean también eficaces. Por ejemplo, por más que el director John Fawcett se esfuerce, no puede sugerir sensaciones de angustia, ni mucho menos pánico, utilizando animales tan inocuos como las ovejas. Lo que quizá funcionaba en la novela de Maginn, no se traduce satisfactoriamente en términos cinematográficos.
Las cosas mejoran en el último tercio de proyección, cuando se da un giro dramático sorprendente, que abre camino a siniestras situaciones inspiradas en el mito de Orfeo. Gracias a este cambio radical, la cinta por fin cobra fuerza, pero lo hace cuando ya es tarde para recuperar el pulso de una narración agonizante.
Sin duda, “La obscuridad” genera sentimientos encontrados. No es un bodrio desechable, ni una buena película: cumple tan solo como pasatiempo mediocre.
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