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Jueves 11 Abril, 2013

No aceptar los errores, achacárselos a otros o ignorarlos puede convertirse en conductas desacertadas que nos empobrecen como personas


Pensar y repensar en los errores

Estudios plantean que el cerebro es más rápido en aprender de los errores que de los aciertos. La razón respalda que uno debe aprender de los errores para no cometerlos nuevamente y ser mejor cada día. La práctica nos dice que no es tan sencillo lograrlo.
Somos producto de la huella que el paso por la vida va dejando en nuestros sentimientos y en nuestros pensamientos. Somos fruto de nuestras decisiones. Pensar y repensar en los errores para aprender de ellos: es una decisión que merecemos tomar.
Muchas veces tomamos decisiones y reaccionamos a las circunstancias del momento sin quedar exentos de equivocarnos. Aprender de los errores es quizá uno de los desafíos que más armonía exige de la razón y la emoción.
Los sentimientos de derrota y reproche y ese orgullo muchas veces tonto que nos hace solo permitirnos “la perfección”: infinidad de veces no nos permiten aprender la lección.
No aceptar los errores, achacárselos a otros o ignorarlos puede convertirse en conductas desacertadas que nos empobrecen como personas; que nos hacen no ganar e incluso perder no solo cosas materiales sino el afecto de nuestros seres queridos.
Si tratamos de aprender de nuestros fallos las consecuencias solo pueden ser positivas. Nos estaremos superando a nosotros mismos cada vez que aprendamos la lección.
Cuando los niños dan sus primeros pasos estamos conscientes de que esas frentes golpeadas y esas rodillas maltratadas son parte de la experiencia que los hará saber lo que no deben volver a hacer cuando lo intenten de nuevo. Quizá esa próxima vez el paso aún no sea firme y aunque aún no sepan lo que deben hacer para caminar bien, sabrán lo que pueden evitar hacer antes de romperse de nuevo de la misma forma.
Los niños aprenden muchas cosas a través de la experiencia. Para el adulto esa herramienta a la que llamamos “ensayo y error” es también un arma para aprender. El ensayo y error nos permite “calibrar” nuestra propia conducta, estableciendo principios de causa-consecuencia con el objetivo de prever la repercusión de nuestras futuras decisiones.
La mejor manera de aprender de cualquier cosa es conociéndose uno mismo. En la academia hay muchos tipos de aprendizaje… en la vida también. Lo que funciona para tu pareja no necesariamente funciona para ti. Solo conociéndote podrás descifrar cómo superar tus limitaciones.
Una de las personas que más admiro me ha dicho: “Si no te sale natural: ensáyalo. Se tarda 21 días en adquirir un hábito, pero no lo vas a adquirir leyéndote un libro… ayuda, pero no será suficiente”.
Este sabio consejo aplica enteramente para los errores: si no estamos aprendiendo de los errores naturalmente, asegurémonos de adquirir el hábito de aprender de ellos.
Serán las repeticiones dotadas del “máximo esfuerzo” las que nos harán sacar “la maestría” en el aprendizaje de los desaciertos.
Si los llamamos errores es porque nos han dejado consecuencias negativas en el pasado. Este aprendizaje causa dolor. Muchas veces tendremos que enfrentarnos al orgullo, al miedo.
De nosotros depende que ese camino pedregoso nos acerque no solo al éxito, sino a la felicidad.

Alejandra Esquivel Guzmán
Gerente general, Corporación Álvarez y Marín
[email protected]