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Jueves, 21 de febrero de 2019



FORO DE LECTORES


PARLATICA

| Lunes 06 diciembre, 2010


PARLATICA
Mariachis

Fue en el año 1863, cuando buscando salida a la caótica situación existente, la Junta de Notables que gobernaba México ofreció la corona de un posible nuevo imperio a Maximiliano de Habsburgo, hermano del poderoso emperador de Austria.
La idea fue apoyada de manera entusiasta por Napoleón III de Francia, quien pretendía revivir glorias pasadas con la creación de una potencia francófila en América, capaz de detener la expansión estadounidense y revivir en estas latitudes la presencia europea.
Después de meditarlo un tiempo y de consultarlo con el Papa, Maximiliano aceptó y se presentó en México acompañado de su esposa Carlota y, a no dudarlo, lleno de buenas intenciones.
Como era de esperarse, los bravíos mexicanos no aceptaron la imposición y, comandados por Benito Juárez, iniciaron una violenta rebelión.
Napoleón III envió tropas francesas para respaldar a su protegido y recorrieron los campos sembrando a veces la muerte con sus fusiles, y a veces la vida con sus amoríos. De este hecho dan fe los frecuentes ojos claros en los habitantes de Jalisco y otras regiones.
Cuando la soldadesca gabacha patrullaba los campos y escuchaba música, ligaban esta con algún posible matrimonio al que les encantaría autoinvitarse y preguntaban: “¿Marriage?… ¿Marriage?… ”, es decir: “¿Matrimonio?… ¿Matrimonio?… ”
Los mexicanos entonces medio castellanizaron y medio nahuatizaron el término, dando lugar al nacimiento de la palabra “mariachi”, para designar primero la fiesta, luego su música y finalmente el alegre conjunto llamado mariachi, con sus guitarras, violines, trompetas y tololoches, conformado por personas de elegante vestimenta semicharra y sombrero de amplísima ala.
Cuando en 1948 los ticos vivimos el horror de la guerra, las fuerzas del gobierno reclutaban sus tropas en los bananales y los muelles, donde su fuerza política era notable.
Venidos de tierra soleada y cálida, llegaron provistos de sus característicos sombreros alones, y, para que soportaran el frío de la sierra donde se combatía, les entregaron gruesas cobijas que colocaban sobre sus hombros a manera de capa.
Portaban viejos fusiles Remington, que no instrumentos musicales pero, su silueta nocturna recordaba el perfil del mariachi mexicano con su sombrerote y envuelto en su abrigador sarape.
Así, mariachis fueron bautizados aquellos soldados y, por extensión, mariachis fuimos también llamados los partidarios del Dr. Calderón Guardia hasta la fecha.
Pasaron los años. El imperio de Maximiliano tuvo muy triste final, con fusilamiento incluido para él, y locura para la bella e infeliz Carlota.
También fue derrotado aquel gobierno mariachi. Pero, a pesar de los odios y horrores de entonces, se respetaron y fortalecieron las conquistas sociales de la época y hoy, olvidados los viejos rencores, hemos vuelto a ser una nación unida. Una nación de hermaniticos.

Abel Pacheco