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Incertidumbre internacional y certeza de más impuestos

Las decisiones a las cuales tiene que enfrentarse un inversionista —institucional, profesional o individual— hoy son más retadoras que nunca. Desde 2008 los mercados financieros internacionales están inmersos simultáneamente en una profunda incertidumbre, procesos de corrección de precios y profundos cambios regulatorios.
Las nociones sobre el riesgo soberano de los países desarrollados, cuyos bonos eran considerados libres de riesgo, están siendo puestas a prueba. En la Unión Europea no se logran poner de acuerdo sobre cómo manejar los déficits fiscales de sus miembros, ni tampoco sobre la posibilidad de que la Unión dé un respaldo explícito a las deudas de cada país. La incertidumbre en este continente está erosionando el valor y validez del euro como un vehículo de inversión confiable. En Estados Unidos, el FED está financiando abiertamente al Gobierno Federal con emisión de dinero, elevando deliberadamente el precio de los bonos del Tesoro y manteniendo las tasas de interés soberanas por el suelo en todos sus plazos, haciéndolos poco atractivos para los inversionistas. Si además se toma en cuenta que no es posible mantener esta política indefinidamente, sin que eventualmente se generen presiones inflacionarias y aumento de las tasas de interés, el atractivo de estos bonos es menor.
La alternativa del mercado accionario no es más positivo. Las acciones en Estados Unidos muestran bajos dividendos, también como resultado de las reducidas tasas de interés y sus precios son susceptibles al aumento de estas. Además, han mostrado un comportamiento más correlacionado entre sí, lo que reduce la capacidad de diversificación efectiva. Pero a diferencia de los bonos, tienen las ventajas de que en agregado su valor se ajusta más cercanamente a la inflación y que suben de valor con el crecimiento económico.
El mercado local ofrece solo una limitada variedad de instrumentos y emisores, básicamente bonos de tasa fija de Gobierno o certificados de depósito bancarios de corto plazo. Además, debe considerar la decisión de la posición cambiaria, en un mercado de divisas en proceso de reestructuración y con mayor volatilidad. Y, por si fuera poco, el Proyecto de Ley de Solidaridad Tributaria aumenta el impuesto sobre la renta aplicado a inversiones del 8% al 15% y aplica impuestos a las ganancias de capital, lo que indefectiblemente repercutirá negativamente en la valoración y rentabilidad de las inversiones locales.
Cada inversionista tiene objetivos, plazos y tolerancia al riesgo distintos, con los cuales debe valorar las alternativas que tiene a su disposición. Para esto debe contrastarlos con sus expectativas sobre el desempeño económico local e internacional, que a futuro puede mostrar recuperación sin inflación, inflación sin recuperación o recuperación con inflación, pero todas con la certeza de más impuestos.

Pablo Villamichel
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