Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 12 Noviembre, 2012

Qué vueltas más atractivas dio el clásico provincial.
Todo pintaba a color rojo y amarillo y terminó de colores rojo y negro.
El arranque fue del Team y el cierre de la Liga.
El golazo de Elías Aguilar, un mediocampista sumamente talentoso que captó rápidamente el ojo de Odir Jacques para treparlo a la primera división, se combinaba con un mejor fútbol de los discípulos de Claudio Jara, que la tocaban y se movían mejor que el rival en la mitad del campo.
Sin duda que José Sánchez, Elías Aguilar, José Miguel Cubero, Ismael Gómez y Esteban Ramírez se juntaron de forma más solvente y coordinada que la cintura rojinegra, un poco porque Allen Guevara y Diego Calvo jugaron muy abiertos, además que Valle y Oviedo priorizan la marca y recuperación y después, si se puede, el pase. Solo Gabas se notaba a la altura de los volantes locales.
Sin embargo llegó ese gol salvador de Meneses, gracias a una falta de coordinación de los líderes de la retaguardia anfitriona, que rehuyeron la acción y permitieron el sacrificio de Dennis Valladares y el equipo de Macho Ramírez respiró.
La bola muerta trajo el segundo, pero el trallazo de Gómez que dejó a Pemberton mirando el color del ciprés, puso los cartones iguales.
Fue cuando Oscar Ramírez le ganó el clásico a Claudio Jara, por una mejor lectura del juego, pero también, porque el hombre del “taquito” en Italia 90 había perdido por lesión dos variantes y tenía limitado su campo de acción.
Mi compañero Luis Rojas apunta en la crónica que quizá Jara erró al ubicar a José Sánchez como marcador por la izquierda, porque no solo perdió a su mejor pieza en la cintura, sino también porque José no es precisamente un buen marcador. Lleva razón.
El Machillo, le mandó a Sánchez a Anderson Andrade, deseoso de protagonismo y tiró a Guevara al otro costado. Además impuso presencia física con Jorge Davis en la cintura y el Alajuelense se apoderó del ritmo del juego, de la acción y liquidó con otro par de anotaciones, una de ellas, después de un error del arbitro central, Walter Quesada que no sancionó falta a Cubero.
Y esto tiene el juego del fútbol.
Lo que se presumía sería noche de fiesta del campeón, fue noche mágica de su enconado rival, que ganó prácticamente un partido de seis puntos de una manera que de verdad, por lo que se vio antes del desplome local, no se presagiaba, fuera así.

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