Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 9 Noviembre, 2012

 

Gato negro (yo), se despertó a las seis de la mañana y se sentó al frente del televisor.
Nunca había visto jugar a la selección nacional de fútbol sala, por consecuencia, no conocía a sus jugadores.
Conforme los comentaristas y el narrador del Canal 7 avanzaban en la transmisión, el gato se fue metiendo en el partido e injustamente terminó también por analizarlo.
Le gustó mucho la crítica que repetían los analistas, ellos sí, expertos en el tema; Costa Rica no jugaba a nada y Ucrania lucía como un equipo compacto, sólido y solvente.
Como parte de mi ignorancia, veía a los ticos jugar en todas las posiciones, tipo mejenga, mientras los europeos ocupaban posiciones fijas en su formación: los defensas eran defensas y los atacantes, atacantes.
El primer gol de Ucrania me recordó de inmediato el primero de los Tigres a la Liga. Un pase desde la izquierda, el “Meneses” de Costa Rica se quedó dormido y lo madrugó a su espalda un ucraniano para marcar el 1-0.
El 2-0 fue en bola muerta.
¿Les recuerda esto algo a los manudos?
Un tiro libre como tantos; una pésima barrera como siempre y la bola en los cordeles.
Quienes fuimos mejengueros de plaza pública y le dimos a la bola de tenis o una más grandecita en la explanada del Pacífico, todos los días de 3 a 7 de la noche, sentimos ayer sin jugar, la adrenalina que genera un partido de fútbol sala, lo más parecido, pero en serio, a una mejenga de fútbol.
Costa Rica presentó a sus clásicos “hueveadores”, mientras que Ucrania presentó a un equipo. La diferencia fue abismal.
Estamos casi seguros, pero no podemos probarlo, que algún familiar de los seleccionados llamó al Canal 7 a quejarse de las críticas de los analistas, que de inmediato cambiaron su discurso crítico por el otro lastimero.
Mientras caían cuatro goles más, escuchamos que a los europeos les pagan y a los ticos no; los de aquí entrenan en gimnasios destartalados; desde luego que afloró la falta de fogueos; la urgencia de contratar a un motivador y entonces hubo que aplaudir el sacrificio y la entrega de nuestros muchachos, por viajar “tan largo” a representar el país.
Todo volvió a la normalidad: nos golearon, nos eliminaron, los muchachos regresarán como héroes; sus familiares irán a recibirlos; del gobierno no irá nadie porque no clasificaron y como canta Julio Iglesias: la vida sigue igual.
Desde luego que a las siete de la mañana, me volví a dormir.

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