Redacción La República

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Lunes 5 Diciembre, 2011





Quien no se comió las uñas; quien no cerró los ojos; quien no recordó aquella escapada infernal de Gerard Drummond; quien no revivió los fantasmas del pasado; quien estuvo sentado en el Morera Soto como si nada; es un extraterrestre.
¡Qué partido más dramático!
Aquella bola larga que filtró Heiner Mora y que sobrepasó la marca de José Salvatierra a Josué Martínez; el remate cruzado del ariete morado, la pésima estirada de Patrick Pemberton y la bola que pega en los cordeles en el minuto 50, convirtió la casa de los manudos en un cementerio con mezcla de convento. Es más, algún rosario abra salido de algún corpiño o cartera.
Durante 35 minutos la multitud olfateaba y esperaba en cualquier momento el 3-1 del Saprissa; los demonios del pasado se posaron en los techos y gradas del coliseo erizo cuyos jugadores caían limitados físicamente y quedaron expuestos a los embates del adversario.
No hubo tiempo para festejar.
Golazo de Alejandro Alpízar y al instante, obra de arte de Maikol Ortiz; expulsión de Heiner Mora y al instante, tarjeta roja a Marcelo Sarvas; ida y vuelta. Un gol, solo un gol del Saprissa después de la faena de Josué y el Alajuelense cantaba viajera.
Se esfumaba el título; se descarrilaba la posibilidad del tricampeonato.
Centeno cimbra un tiro libre y Pemberton resucitado desvía; la pega Ortiz y atrapa Patrick; con todo el marco por delante, John Jairo Ruiz no la pega. Ese era el gol del entierro.
Saprissa aprieta y Alajuelense se desgarra.
Está mutilado y desgastado.
Huele en cada rincón del Morera Soto a gol morado.
José Salvatierra dice que ya no puede; Cristopher Meneses juega en una pierna, Oscar Ramírez se convierte en técnico de la NBA y se mete al rectángulo con una libreta a rediseñar la estructura de su formación.
McDonald baja al sector derecho defensivo; Fernando Sequeira al izquierdo; Salvatierra va y se para como centro delantero sin movilidad.
Saprissa se engolosina; siente al enemigo afectado; sin piernas pero con alma; ya entraron las motocicletas marca Alemán y Russell a liquidar por velocidad. “El Monstruo” da cinco pases para adelante y se mete con nueve de sus jugadores en territorio enemigo.
Se dispone a dar el golpe de gracia; van por un gol que revolotea en el estadio.
Ya no hay líberos, ni centrales, ni carrileros.
Solo delanteros.
¡Qué horror! ¡Qué error!
Se les olvidó Argenis Fernández.

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