Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 2 Junio, 2011


Un amable lector me propuso como director técnico del Real Madrid, gracias al comentario técnico que escribimos ayer, donde analizamos alguna fórmula o estrategia que pueda planificar un entrenador de fútbol para frenar a la máquina catalana.
¡Cómo se goza con las redes sociales!
Ahí cada quien se retrata tal como es.
Analítico, reflexivo, inteligente, comprensivo, educado, cómico, payaso, estúpido, fanático, ignorante; en fin, toda la gama del ser humano.
En lo personal me encanta jugar de entrenador y me agrada, porque cada vez que jugamos a técnico, nos llueve parejo en las redes, pero también es fácil rescatar el comentario del que entendió el mensaje. Y de eso se trata. De compartir criterios, opiniones, jamás conocimientos.
Salvo Mourinho con el Inter de Milán, ningún entrenador ha podido parar al Barcelona y de lo que se trata es de pararlo. De ahí nace mi comentario. Si no existe el equipo invencible, hay que estudiar como vencerlo y si analizamos la forma en que sir Alex Ferguson intentó doblegarlo, caemos en cuenta de que se fue estratégicamente por el lado más corriente y el que menos resultados a dado: poblar la cintura para tratar de romper las asociaciones de los maravillosos mediocampistas catalanes.
Todos vimos a Rooney jugar como un sexto volante y a Mascherano de vacaciones.
¿Cómo ganar entonces?
Estamos entendidos de que en la actualidad, un técnico que se arriesgue a jugarle un partido abierto al Barcelona, lo puede perder por goleada. Le metieron 5-0 al Real Madrid, pero luego, cuando Mourinho se decidió a atacar un poquito más, tras el ridículo del juego de ida en la Champions, empataron 1-1.
En la final de Champions, el Manchester United hizo el ridículo y cayó 3-1, renunció su entrenador al ataque y pudo llevarse seis en el canasto. ¿No resultaría más atractivo llevarse los mismos seis, pero jugando con una propuesta ofensiva diferente?
Está probado que a los mediocampistas del Barcelona no los para nadie; háganle una marca normal y no obsesiva y preparen una estrategia que ataque los puntos más vulnerables del equipo catalán, que los tiene, o hay que encontrárselos.
Seguramente, igual van a perder, pero el aficionado inteligente que sabe leer el fútbol va a aplaudir y reconocer ese nuevo intento táctico de un entrenador que procura, por rutas distintas a las actuales, detener al mejor equipo del planeta.

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