Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 5 Abril, 2011


Desde Cleveland.
Cada loco con su tema.
Y mi tema es la Tribu
El jueves 31 de marzo me les escapé a mis compañeros de colegio, Bachilleres Angeles 60 con quienes, desde hace cinco anos, viajamos al Yankee Stadium a presenciar la serie entre Yankees e Indios, usualmente de cuatro partidos y donde repetiremos el próximo mes de junio, y me vine solito a la ciudad de Cleveland, para darme “mi gusto” de presenciar la inauguración de la temporada 2011 en el Progressive Field, antiguo Jacobs Field, que pude visitar hace diez años con mi querido y recordado amigo, compañero y hermano, Carlitos “Cascarita” Retana, quien falleció sorpresivamente un año después, y presenciamos parte de la serie, Indios y Medias Rojas.
Ahora se me daba la posibilidad de mirar y “disfrutar” los primeros seis partidos de La Tribu en casa, tres ante los medias Blancas de Chicago, 1°, 2 y 3 de abril y otros tres contra los Medias Rojas de Boston, 5, 6 y 7 del mismo mes.
Escribí disfrutar entre comillas, porque en los primeros juegos ni me había sentado y ya los Indios iban perdiendo.
(Como escriben los jóvenes de ahora en las redes sociales: ja, ja, ja, ja)
El downtown de Cleveland es muy sobrio, solemne y lindo: es pequeño y sus grandes edificaciones quedan muy cerca entre sí; el lago Erie, la Clínica Cleveland de fama mundial; el museo y salón de la fama del rock and roll, la Biblioteca Pública; la Universidad Estatal (CSU) y las tres sedes deportivas donde juegan los Indios, los Cavaliers y los Browns, a cual más malo de los tres, son los lugares más llamativos de la ciudad.
Hay que amar mucho a los Indios para venir a verlos con un equipo tan flojo sobre todo en pitcheo, desde Costa Rica y en abril.
Cleveland es un congelador y Tano está congelado; por ratos cae nieve; por ratos sale un sol helado; el estadio es una nevera gigante y ni por asomo usted consigue una taza de café.
¡No se vende café y con este frío!
Tampoco circulan taxis y solo hay servicio a domicilio y esto es un lío.
¡Las caminadas que me he pegado!
Por dicha mi compañero de LA REPUBLICA, Walter Ballestero, me equipó en buena forma y en Cleveland he recibido decenas de atenciones del joven matrimonio costarricense que forman los doctores Manfred Baumgardner y su esposa, Mariela, quienes se lucen trabajando como especialistas en la afamada Clínica Cleveland.
Seguimos mañana.
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