Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 19 Agosto, 2010


Cuando los lectores de esta Nota la repasan esporádicamente o lo que es igual, no la siguen con regularidad o diariamente, comentan situaciones que infinidad de veces hemos analizado en busca de posibles soluciones.
En nuestros dos últimos comentarios hablamos de Ricardo Lavolpe y su eventual contratación; insistimos en que la dirigencia de nuestro fútbol, desde que Uruguay nos sacó del Mundial, no ha dado pasos hacia adelante que nos puedan ilusionar de cara a una próxima eliminatoria mundialista más feliz que la anterior.
Si los futbolistas de elite costarricenses, esa generación de los Porras, Paté, Marín, Saborío, Cordero, Drummond, Bolaños, con dos Copas del Mundo a cuestas se quejan, una vez que quedan eliminados después de los tres partidos de trámite de la primera fase, de la falta de competencia de nuestro campeonato, y la respuesta de los dirigentes es clasificar un equipo más por grupo, esto no es asunto, ni lo va a resolver Ricardo Lavolpe.
Es un asunto de fondo; la escogencia del nuevo entrenador de Costa Rica, es tema secundario o terciario, dado que el de fondo, el que carcome en la raíz del cacho, no se toca ni se resuelve.
Después de cada fracaso del fútbol de Costa Rica, a nivel de clubes y selecciones nacionales, hemos escrito un millón de veces, que el fútbol nacional requiere y urge una revolución exactamente igual, ni siquiera parecida a la que don Guido Sáenz ordenó y llevó a cabo con los músicos de la Sinfónica, que trajo de inmediato como bella consecuencia, la creación de la Orquesta Sinfónica Juvenil, semillero de talentos que hoy honran la música costarricense en todo el universo.
No es graduando entrenadores en universidades de garaje, solo para “engañar” las nuevas disposiciones de la FIFA, que vamos a resolver los agudos problemas de fondo que carcomen al balompié costarricense.
Podemos aplaudir y de hecho lo hacemos, el esfuerzo de varios entrenadores criollos de estudiar y superarse, pero honradamente, todavía ninguno de ellos merece el nombre de maestro.
Y pregunto… ¿serán también maestros quienes impartieron las lecciones que los llevaron a graduarse?
Digo esto, porque Guido Sáenz sí contrató a maestros para que les enseñaran a tocar piano a nuestros niños y hoy Costa Rica es en este campo, potencia mundial.
Por eso, es que minimizo lo de Lavolpe.
Si lo firman, le digo… ¡bienvenido al caos!

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