Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 18 Agosto, 2010


Estamos clarísimos y así lo hemos comentado en infinidad de ocasiones, que el problema del fútbol costarricense no se va a resolver con el eventual fichaje de Ricardo Lavolpe; tampoco si mañana firmaran a José Mourinho.
Más de una docena de comentarios a mi Nota de ayer, avalan conceptos emitidos en este mismo espacio muchísimas veces, de que la crisis en que está sumergido el deporte preferido de los ticos es de fondo, y no se adorna ni mucho menos resuelve con un barniz, aunque sea de buena calidad.
Contratar a Lavolpe es un parche a la crisis; una curita al cuerpo del enfermo de cáncer terminal. Nuestra Nota de ayer estaba orientada a que, si finalmente lo firman, buscarle un espacio que lo proteja del ataque usual y en muchas ocasiones sin ningún sentido de la prensa deportiva criolla, entre la que me incluyo, otorgándole un escudo que lo blinde de la crítica, para que por lo menos pueda trabajar en paz.
Lo que queremos es que si firman a Lavolpe, o al que sea, en esta oportunidad lo dejemos hasta el último partido de la eliminatoria a Brasil. O sea, que vivimos o morimos con él, para evitar por lo menos el desmadre de la eliminatoria anterior que empezamos con Medford, seguimos con Kenton y terminamos con Simoes.
En vista de que los dirigentes del fútbol nacional, los de la Federación y los de UNCAF, desde que perdimos el repechaje en Montevideo, no dieron un solo paso adelante en la organización de nuestro fútbol para proyectarlo positivamente hacia la eliminatoria del Mundial en Brasil y, todo lo contrario, se dieron varios pasos para atrás (clasificación de cuatro equipos por grupo y ascenso poco decoroso del Barrio México), continuada la improvisación, mínimo sería proteger el trabajo del nuevo entrenador.
No hay que ser un gran analista del fútbol para darse cuenta de que por lo visto en las cuatro primeras fechas del Torneo de Invierno, donde han imperado la violencia y la poca calidad de juego, nos espera una nueva eliminación al siguiente Mundial. El tumor sigue vivo y late a ritmo acelerado. Llega un remedio; una pomada canaria marca Lavolpe. Dejémoslo entonces que nos unte todo el cuerpo, a ver si nos pone a respirar sin máscara de oxígeno o termina de asfixiarnos.

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