Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 13 Agosto, 2010


No tenemos número diez.
El sustituto de Walter Centeno no se vislumbra en el horizonte.
Y este es un problema para los entrenadores a nivel mundial.
Escasean tanto los talentosos números diez, que se están inventando sistemas tácticos que los desaparezcan.
Repasemos como en Liga Deportiva Alajuelense, tienen sentado al talentoso “carajillo” Diego Estrada, quien fue el 10 de Costa Rica en Egipto y ahora el motor y la bujía del equipo es Cristian Oviedo.
¿Cómo la ven?
Y en el Cartaginés, en los dos primeros partidos del campeonato, el 10 fue Oscar Esteban Granados. Los medios de marca, los tapones y candados, convertidos por arte de magia en los arquitectos de la nómina.
Entender y comprender a los técnicos es un enigma.
¿Para qué quiere la Liga a Allen Guevara, si tienen sentado a Carlos Clark y se obstinó de buscar una oportunidad, Rudy Dawson?
Contra Paraguay, hipotéticamente el 10 de la selección fue el generaleño Juan Diego Monge; en la pizarra táctica del planteamiento estaba señalado así: 4-2-2-2 (línea de cuatro; Cubero y Celso: Guzmán y Monge; Bryan y Saborío).
Mirando el encuentro por la televisión y sin poder revisar otros detalles del juego que no son precisamente darle seguimiento al balón, es injusto afirmar que a Monge el partido le quedó grande, pero sí se puede aseverar que no surge un Paté Centeno a la vista.
Estamos de acuerdo con que hay que probar y probar y darles oportunidad a todas las caras que se pueda, pero, a menos que haya tenido un bajonazo en su juego no percibido por la prensa deportiva, se suponía que al “diez” que había que darle pelota, competencia y la mayor cantidad de partidos de fogueo era Diego Estrada, el creativo de Egipto.
Sin embargo, el joven futbolista ha venido a menos; no amarró la titularidad en el Alajuelense y tampoco Ronald González le ha dado ese rol, a pesar de que sigue convocándolo.
Sería preocupante que el fútbol costarricense perdiera a esta promesa, como ha perdido infinidad de eventuales talentos que, por errores propios o decisiones erradas de sus entrenadores, cuando deben iniciar la ruta de la consolidación, todo lo contrario, entran y salen, no se estelarizan y terminan perdiéndose.

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