Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 12 Agosto, 2010


En esta sinfonía de partidos amistosos que se han celebrado en todo el planeta, lo que menos interesa es el resultado; ese empate 1-1 de México contra el campeón mundial, España, en otro entorno hubiese sido un resultado excepcional para los aztecas.
Se afianzan los fracasos de Italia y Francia que de pronto se quedaron sin talentos en sus respectivas ligas; Brasil se entretuvo con Estados Unidos y estrenó entrenador y Costa Rica se fue a Paraguay a participar en un homenaje a Salvador Cabañas.
Me nace la inquietud, después de mirar el partido entre ticos y guaraníes, si también concluye 2-0 si se hubiese jugado en el Mundial sudafricano.
Mostrada con creces la superioridad del seleccionado paraguayo y evitada una goleada estrepitosa por las acciones salvadoras del joven Esteban Alvarado, no cupo duda de que los anfitriones se dieron un reposo, después de ordenar cuatro o cinco variantes en su formación prácticamente desde el arranque del segundo tiempo.
En una Copa del Mundo no suceden estas situaciones, de manera que tras observar la pasmosa facilidad con que los paraguayos rompieron la defensa de gelatina criolla, en la que Michael Umaña nos ofreció un concierto de errores que obliga a preguntarnos… ¿por qué lo convocaron?, la respuesta a la duda inicial es que, si el partido de anoche hubiera sido en el Mundial, salimos goleados y a eso vamos.
El fútbol costarricense no avanza un centímetro; nos cuesta un mundo llegar al área contraria; seguimos jugando sin ritmo, aceleración, verticalidad ni imaginación.
Insistimos en alinear a jugadores que arrastran una cadena de defectos técnicos e ineficiencias, que hacen inexplicables sus convocatorias.
Paraguay nos rompió la defensa cuando le dio la gana y por suerte, no tuvo muchas ganas; el centro de la retaguardia fue un colador; los medios de marca no se vieron. Fue hasta que Tata Martino dispuso deshacer la formación de su equipo, que Costa Rica sacó la nariz, más que por propias virtudes, por un reposo futbolero que se dio el local, conocedor de que podía anotar más goles con el mínimo esfuerzo.
Se cumplió con el motivo principal del cotejo; homenajear a Cabañas; Paraguay hizo lo suyo, ganó caminando y Costa Rica también hizo lo suyo. Perder con tranquilidad, como en Francia; sin mal sabor en la boca.
El problema se da cuando alguien se mete a analizar el partido en serio.

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