Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 6 Agosto, 2010


Roy Myers lanzó un partido perfecto.
Cero imparables; cero bases por bolas y 27 outs en fila.
Hay que aplaudir el dispositivo táctico que ordenó de emergencia el técnico del Saprissa, después de que en el minuto 48 y con 42 por jugar, se quedó con nueve hombres tras la expulsión de Walter Centeno.
Mientras salía expulsado del campo, habló con su asistente Marco Herrera y ordenó la primera variante emergente: el novel y pimientoso novato Mauricio Castillo, por el inteligente pero lento ariete Alejandro Sequeira.
Había que distraer al par de centrales manudos, González y Acosta, para que no se le fueran encima al rival. Tremendo acierto.
Forma dos líneas de cuatro en el fondo, pero separadas una de la otra para no arrinconarse: Robinson, Mena, Douglas y Loaiza y adelante de estos: Balladares, Paniagua, Alonso y Castillo. Aparte de asegurar la retaguardia para supuestamente soportar un huracán que jamás llegó a sus costas, el estratega morado se aseguraba la eventualidad de un letal contraataque con los veloces Yader y Mauricio. La presencia de este par de “pequeñines” alertaba que Saprissa no renunciaba al ataque.
Paniagua se apertrechó delante de Douglas y Mena, mientras que Armando Alonso se echó al equipo al hombro con una segunda parte espectacular, llena de sabiduría para retener la pelota, enfriar el juego y dejar que el reloj igual cumpliera con su trabajo.
Los seguidores de la Liga no creían lo que veían; con dos jugadores más en el campo, los futbolistas erizos estaban más asustados de que Saprissa les hiciera un gol, que buscarlo ellos. Y casi lo meten los morados, en aquella acción de genuino tractor de Paniagua que les ganó el viaje a tres rivales y cruzó para que Balladares se plantara ante Pemberthon pero rematara débil.
Cuando Oscar Ramírez apuntaló la ofensiva con los ingresos de Leandrinho y Estrada; respondió Myers con la entrada de Jervis, 21 minutos después de que entró Castillo y esto es lo valioso del trabajo de Roy.
No se apresuró; no se atarantó e hizo las variantes en el momento justo, tanto que metió a Alemán a seis minutos del final para atolondrar aún más a los inofensivos jugadores de la Liga, incapaces de asumir la conducción del juego con dos hombres más. Ni siquiera capturaban eso que los entendidos llaman las “segundas bolas”.
Hoy, los seguidores manudos sienten vergüenza de su equipo. ¿Qué sucedió? Lo analizaremos mañana.

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