Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 9 Julio, 2010


¿Qué le pasó a Alemania?
¿Será tan simple la respuesta como simplificarla en que España fue superior o peor aún, qué no la dejó jugar?
“Es que España no soltó la pelota. Es que España se movió muy bien. Es que Alemania nunca tuvo el balón”, dijeron.
¡Señores!
España jugó como juega siempre, jugó como lo hizo en la Eurocopa en la que fue campeón: jugó como lo hizo en la eliminatoria mundialista y jugó como juega el Barcelona, no en vano formó con seis jugadores catalanes, siete si sumamos al nuevo fichaje, David Villa.
¿A quién pudo sorprender el fútbol de España?
¿A Joachim Löw?
Este señor fracasó estrepitosamente como director técnico en el partido semifinal; no solo el bigotón Vicente del Bosque le dio una lección de estrategia, sino que resulta inadmisible a estas alturas del partido, que al entrenador germano le haya sorprendido el fútbol de la “furia roja” al punto de calificarla como el mejor equipo del mundo.
Ya eso lo sabían los analistas de todo el planeta cuando escogieron en las quinielas a España como la candidata más firme a ganar el mundial, junto con Brasil.
El entrenador de Alemania, como cualquier aficionado que siga el fútbol en el mundo, sabe de memoria como juegan Busquets, los dos Xavis, Iniesta, Capdevilla, Ramos y Villa; estos “hueveadores” del balón gustan de cuidarlo, tratarlo, acariciarlo, mimarlo, moverlo y pasarlo con precisión y sentido.
Entonces, en una semifinal de un Mundial, cuando se está a 180 minutos de coronarse monarca, no se trata de darle el balón a quien sabe manejarlo y quedarse mirando lo bien que lo hacen, sino que había que quitárselo.
Y Alemania no lo hizo.
Es inexplicable que un equipo que metió 13 goles y que goleó a Australia, Inglaterra y Argentina, solo hizo un remate a marco en el primer tiempo, precisamente porque nunca tuvo la pelota.
Y si la excusa va a ser que faltó Thomas Müller, entonces este seleccionado no sirve para nada, ni merece ser monarca, al depender de uno solo de sus jugadores.
A España hay que otorgarle todo el mérito, pero que el señor Löw no haya tenido la capacidad de darle al juego una lectura adecuada y no haya girado las instrucciones y variantes precisas para darle un vuelco a un partido de un solo lado, es su responsabilidad exclusiva.
Esta estrepitosa presentación de Alemania, no puede resumirse en el detalle de que España fue superior; la debacle germana merece un tratamiento más profundo.

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