Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 17 Septiembre, 2009



René Simoes es un parche.
Su nombramiento o el de cualquier otro director técnico emergente, llámese como se llame, no sanará la enfermedad.
¿Han oído hablar de los parches que se pegan algunos para dejar de fumar?
Unos lo logran con ellos; otros con buena voluntad; otros más, a huevo y todos, con la ayuda de Dios; dejar las adicciones es milagro de Dios y lo que el fútbol de Costa Rica necesita, para estar presente en Sudáfrica es precisamente eso: un milagro.
¿Podrá el brasileño lograr el milagro?
En principio se trata de derrotar a Estados Unidos en Washington; por más fondo que haya tocado nuestro deporte preferido, no nos vemos cayendo ante Trinidad y Tobago en el Saprissa.
De manera que don René tiene que convertir no el agua en vino; sino la mediocridad en eficiencia y que esta nos haga hincar a los discípulos de Bradley, probablemente estos con la clasificación mundialista en la bolsa.
Si lo que se busca con el parche es ir al Mundial, tiene que suceder eso: que Honduras pierda puntos en sus difíciles compromisos ante estadounidenses y salvadoreños y que Costa Rica triunfe en sus dos últimas presentaciones.
De lograrse el objetivo, pues aplausos para el señor parche, iremos con él a los tres partidos de trámite y que viva la Pepa, porque en casa todo seguirá igual, que fue de lo que escribimos ayer.
Ir al repechaje simple y llanamente nos da chance a los 184 directores de programas radiales deportivos del país, de seguir hablando paja gracias a la invaluable colaboración de los analistas tertulianos y los periodistas deportivos de garaje.
Absolutamente nada de esto: ni Simoes, ni clasificar al Mundial; ni ir al repechaje, detendrá la enfermedad letal en que se pudre la calidad del fútbol costarricense.
Lo lindo sería; lo positivo sería; lo que nos daría un poco de ánimo y de ilusión sería; no el nombramiento de Simoes, desde luego, que para nosotros, ni fu, ni fa, sino, que si se diera el derrumbe y nos quedamos fuera de Sudáfrica, alguien empiece a decidir algo que valga la pena en todos los cimientos y estructuras de nuestro balompié de quinto mundo y el paso número “one” es bajar su inflación.

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