Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Sábado 12 Septiembre, 2009



Se tambaleó don Rodrigo.
Su discurso y el de Joseph Ramírez, al término de la larga sesión de ayer donde el puesto del técnico de la tricolor estuvo en el trapecio, no se lo creyeron ni ellos mismos.
Sonó tan hueco como cuando el entrenador nos dijo a los costarricenses que sus jugadores sucumbieron ante Honduras y México por exceso de confianza.
Vale que la retomaron en El Salvador.
Por dicha que en la caliente sesión de ayer, alguien o algunos tomaron la decisión correcta y se mantuvo a Kenton al frente de la selección. Destituirlo, nos retornaba de inmediato al vacilón, tan nuestro cada cuatro años en época de eliminatoria al Mundial.
Ya varios jugadores, de los que padecieron ese exceso de confianza de los que nos habló su entrenador, habían dado a entender que si se iba el capitán del barco, ellos no se volverían a trepar a la nave, de manera que la crisis estaba expuesta.
Incluso, escuchando nombres de eventuales sucesores de Kenton, polémicos hasta la saciedad, hubiesen dado espacio a un entorno insostenible.
A los enfermos emocionales se les aconseja congelarlas.
Es el mejor remedio cuando las cosas se calientan; cuando los pecados capitales están a punto de estallar y el ser humano se convierte en volcán en erupción, capaz de arrasar con todo el territorio que se tiene al frente.
¡Meta y guarde las emociones en un congelador!, nos dicen los viejos maestros en Alcohólicos Anónimos, para enfriar los ánimos del compañero que, en caliente y con el sano juicio perdido, ha decidido tomarse el primer trago, el que de nuevo lo llevará al infierno.
Pues bien, aplaudamos por ahora a los dirigentes que ayer decidieron congelar sus emociones; que no tomaron decisiones al calor de los acontecimientos; que entendieron que ya se cruzó mucho más de la mitad del río y es estúpido regresarse.
Quedan 28 días para recibir a Trinidad y Tobago; los hubiésemos perdido en discusiones estériles sobre lo que pudo haber sido y no fue, sin Kenton y hablando basura de su sucesor. Todo esto se evitó, buen paso sin duda.
Si en las canchas hemos hecho el ridículo; ayer en la mesa, lo evitamos.

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