Cleveland (EE.UU.). Bueno, finalmente nos apalearon los Tigres. En la tarde del miércoles los felinos se desquitaron a punta de palo de 11 triunfos consecutivos que sumaban los indígenas contra sus huestes y además, cortaron una racha de 13 victorias seguidas de la Tribu en su patio. Doble venganza.
Ayer se iniciaba la serie de cuatro juegos entre Indios y Yankees de Nueva York, de manera que ya está en su poder el resultado de ese primer duelo.
Ver béisbol de Grandes Ligas en vivo y a todo color, permite comentar detalles muy propios del deporte rey. Uno de ellos son sus códigos.
Por ejemplo: si el lanzador le rompe el cráneo al bateador de turno o a este le da un infarto en el plato, el receptor rival ni lo alza a ver. El cátcher se va caminando hacia la gomita del lanzador y únicamente pueden entrar a ver al “herido”, su mánager y el médico del equipo. Nadie más.
Cuando un bateador es “ponchado”, el receptor le lanza la bola al tercera base, este al short, este a segunda, este a tercera y este se la devuelve al pitcher. Siempre igual. Es como una ruedita.
Después del tercer out, solo el lanzador y el receptor entran al “dogout” por el lado donde está el mánager. Todos los demás ingresan por el otro lado.
¡Qué varas, verdad!
Si el cátcher titular es el tercer out, de inmediato el suplente sale a recibir los lanzamientos del pitcher para que no se enfríe, mientras su compañero se uniforma con ese reguero de chunches que usan y no se pierda tiempo.
Aproveché los tres juegos contra los Tigres para darle seguimiento a Miguel Cabrera. Tiene un parecido físico con su compatriota Hugo Chávez. Los fanáticos de la Tribu lo aborrecen y lo abuchean cada vez que va a batear (gajes del oficio). Miguel o Miggy, les ha hecho muchísimo daño a los Indios en su brillante carrera.
El jonronero es exhibicionista mil por mil y juega mirando a las gradas todo el tiempo. Tiene un lindo detalle. A pesar de los silbidos, siempre le regala una bola a algún niño o niña que se la pide desde las gradas.
Un dato simpático. Me senté al lado de una familia fanática de los Tigres que disfrutó de la paliza. La señora levantaba una pancarta que decía: “tengo dos perros, uno se llama Miggy y otro Kinsler” (segunda base de Detroit), y cuatro fotos pegadas: los dos zaguates y las caras de Cabrera y Kinsler.
Para todo hay gente.

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