Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 14 Junio, 2016

Desastroso el arbitraje en Copa América.
A Bolivia la eliminaron con falta de penal inexistente; Costa Rica perdió oportunidad de escribir un libreto distinto ante los Estados Unidos, si le pitan el penal que le cometieron a Marco Ureña, minutos después de que le sancionaron a Cristian Gamboa como pena máxima una falta similar.
A Jamaica el árbitro la perjudicó en su partido ante México y lo del pasado domingo fue la cereza al pastel de los desaciertos, al permitir que Perú eliminara a Brasil con un gol anotado con la mano.
Pero no solo en Tiquicia se cuecen habas con el tema de los silbateros; el trabajo de estos profesionales ha decaído verticalmente en ligas y torneos en el mundo y no sabemos si es que FIFA, distraída por sus problemas domésticos de corrupción, ha abandonado el renglón de los arbitrajes en cuanto a nombramientos y capacitación.
Hoy en día en cualquier campeonato de fútbol del mundo, se destaca y resalta como algo extraño y curioso, que un arbitraje haya sido lo mejor de un partido, cuando esto debería ser regla y no excepción.
Los árbitros triunfan cuando sus trabajos pasan inadvertidos; cuando finaliza un juego y nadie habla de ellos; cuando las masas en los graderíos ni cuenta se dan cómo abandonaron el terreno de juego.
Lamentable o dichosamente, vaya usted a saber, desde que se pusieron de moda los analistas arbitrales en los sets de la televisión e incluso en los espacios deportivos radiales, la figura del juez pasó a un primer término, a convertirse en portada, en el titular de la información y a tener un protagonismo que se lo desearían muchos futbolistas también parte del juego.
La repetición de las jugadas probaron la capacidad de los árbitros, pero mayoritariamente desnudaron sus yerros y los analistas, unos con buenas intenciones, pero otros como medida de rencillas y revanchas personales, descuartizaron el trabajo de los silbateros apoyados por las tomas de la televisión.
Me queda la impresión de que al sentirse tan expuestos; los árbitros de fútbol en todo el mundo, pitan con una pistola que apunta a su cabeza, lo que los desconcentra, distrae y los saca mentalmente de sus funciones dentro del terreno de juego.
Debe ser bien complicado para un árbitro, tratar de hacer un buen trabajo profesional, conocedor de que pocas horas después por la televisión, con razón o sin ella se lo van a despedazar.