Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 8 Enero, 2016

El sentido común es el menos común de los sentidos.
Por eso fue que a Henry Bejarano se le olvidó el reglamento en el último juego del campeonato; no expulsó a Jonathán McDónald cuando le lanzó el zapato a Andrés Imperiale y tampoco dio tiempo de descuento, para que no se calentara más de la cuenta el infierno que sufrían los fanáticos del Alajuelense, hincados en su propio territorio por el Deportivo Saprissa, que campeonizaba casi que a ritmo de baile en casa ajena.
Por decirlo de otra forma: Bejarano no quiso hacer leña del árbol caído. Era más que suficiente el marcador en contra del anfitrión; la corona que ya estaba en la cabeza del Saprissa; la expulsión de Ariel Soto; el golazo de Colindres que convirtió el Morera Soto en cementerio.
¿Para qué más dolor?
¿Qué sentido tenía ensañarse con el que se está desangrando?
Fue por eso que Henry Bejarano no creyó necesario ni oportuno expulsar a McDónald y consideró conveniente terminar el partido antes de tiempo, para evitar lo más que se pudiera que en el terreno de juego se produjeran acciones violentas, dada la furia interna y emocional que anidaba en el corazón erizo.
Y como Bejarano no expulsó a Jonathán, tampoco consideró necesario informar a sus superiores del “zapatazo”. Todo lo hizo con sentido común. Es más, actuó y decidió con suma inteligencia.
Lo que pasa es que mandó el reglamento al cesto de la basura y esto es imperdonable para el hombre que debía impartir justicia.
La acción de McDónald, aparte de injustificable, fue demasiado peligrosa; perfectamente si su zapato viaja en buena dirección pudo causarle al destinatario, en este caso Imperiale, un daño físico riesgoso. Si nos ponemos trágicos, podríamos hablar de la pérdida de un ojo o la fractura de la nariz.
Expulsar al delantero manudo debió ser una decisión instantánea de Henry Bejarano. Lo que sucedió fue que el silbatero, mentalmente hacía rato se había “salido” de un partido en el que todo estaba definido y nada ni nadie podía hacer que la tortilla diera vuelta.
Saprissa era campeón nacional; Alajuelense era un león humillado y herido; el Morera Soto estaba caliente y era un hervidero de emociones desbordadas.
¿Qué sentido tenía expulsar a McDónald?
¿Quién ganaba o perdía expulsándolo?
Don Henry, simple y llanamente desechó el reglamento.