Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 2 Julio, 2015

El partido del próximo sábado entre el Deportivo Saprissa y Boca Juniors, debería ser dedicado a uno de los mejores porteros del fútbol costarricense y para este columnista, el más grande, Carlos Alvarado Villalobos.
La organización del juego o si es del caso la directiva de Horizonte Morado que preside Juan Carlos Rojas se pondría una flor en el ojal, si le hace este reconocimiento al “Aguilucho” manudo.


Hará unos 65 años que vino a jugar a Costa Rica el Boca Juniors y enfrentó entre otros a Liga Deportiva Alajuelense, si no me equivoco fue en el año 1950 o 1951.
Boca traía en sus filas a un centro delantero que era un cañón de apellido Bussico. La Liga derrotaba al Boca 1-0 y se pitó un penal a favor de los argentinos. Lógicamente lo cobró Bussico.
Un misil a la red.
Lo que no sabía el goleador argentino y lo aprendió ese día, era el porqué ese calificativo de “Aguilucho” a Carlos Alvarado, hasta que lo vio volar para detenerle el remate de penal. Fue tan espectacular e impresionante la tapada del portero manudo, que don Otilio Ulate, presidente de la República, al final del partido bajó del palco presidencial y fue a buscar a Carlos a quien regaló su reloj personal.
Esta anécdota que a la vez es un gran episodio en la historia del fútbol costarricense, la recuerda a menudo el colega Javier Rojas.
He contado varias veces que mi papá Leonardo era un fiebre del fútbol y que lo jugó en Argentina con el equipo Platense, cuando vivió en esa patria tan italiana algunos años de su juventud.
Lógicamente que papá no se iba a perder la presentación de Boca con la Liga y como lo acostumbraba casi todos los domingos me llevó al Estadio Nacional a presenciar ese partido. La pura verdad que no recuerdo la tapada de don Carlos, pero es imposible olvidar una de sus mas típicas vestimentas. Camisa de cuadritos de manga corta, muñequeras, rodilleras (los arqueros no utilizaban guantes), delgado, liviano, con pequeño bigote, un portero que volaba de palo a palo y que pudo perfectamente jugar profesionalmente en Argentina, como lo hizo de forma triunfal en Colombia y México.
Sería muy emotivo mirar a Carlos Alvarado, un señor en todo el sentido de la palabra, hacer el saque de honor este sábado del Boca-Saprissa. Cuando las nuevas generaciones pregunten el porqué del homenaje, escucharán una historia de ensueño.

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