Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 15 Abril, 2015

En el tenis lo hemos visto en infinidad de ocasiones.
El rival tiene arrinconado a uno de los grandes, llámese Djokovic, Federer, Nadal, Serena o Sharapova, lo tiene al borde del K.O., pero se le aflojan las piernas, se desconcentra y permite que el peso del rival le descuente hasta tres puntos de “match” y se salve del naufragio.
Recordaba esto a media tarde del lunes anterior, cuando Santos y Pérez Zeledón empataban uno a uno su partido en Guápiles, que después ganaron los anfitriones con gol agónico de Winston Parks y antes la derrota del domingo de Uruguay ante Belén.
Decía Tano… “cómo se le acomodan las cosas a los grandes; el Uruguay que estaba en zona de clasificación dejó escapar tres puntos que le hubieran resultado vitales para estremecer la cima de la tabla, dada la derrota del Herediano con Limón y el empate en el clásico y ahora Santos y Pérez se están restando dos puntos cada uno y desde luego que los grandes se frotan las manos”.
Finalmente Santos triunfó y se proyecta como el gran intruso entre los cuatro clubes que jugarán las semifinales ocupando el habitual espacio del Cartaginés que en campaña gris de sobresaltos y brumas se estancó en mitad de la tabla.
En este Verano repleto de distracciones para tres de los grandes metidos en Liga de Campeones, la ocasión la pintaban calva para que otros equipos no tradicionales se “colaran” en zona de clasificación.
Con el tema (como diría el Machillo) de las alineaciones alternativas que en su momento presentaron Saprissa, Alajuelense y Herediano antes de ser eliminados de Concachampions, los grandes perdieron algunos puntos y por ahí guapileños, guerreros e isidreños se lograron instalar en la parte alta de la tabla a la espera de acontecimientos.
El Torneo de Verano estaba revolucionado. Sin embargo, después de la tormenta llega la calma y el primero en reacomodarse después de ser aniquilado por el América, fue el Monstruo, que sí aprovechó las distracciones del León y del Team para fugarse en la cima. Más recientemente tocaba a manudos y florenses buscar su propio reacomodo.
Eliminados también por el propio América y el Impact Montreal, cuando los ticos equipos “regresaron a casa”, miraron para el cielo y vieron asombrados cómo Santos, Pérez y Uruguay vivían en la azotea del edificio y ellos habitaban el primer piso. Había que acelerar el ascensor; había que iniciar la cacería y en eso se encuentran mientras observan gozosos cómo algunas de sus presas se aniquilan entre sí.

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