Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 30 Enero, 2015

En la puerta principal del Estadio Nacional vendían empanadas y sirope.
Los futbolistas, de un nivel infinitamente superior a los de hoy, se bajaban del bus de Sabana-Estadio, atravesaban la cancha de fútbol anexa, entrenaban de 11.30 de la mañana a 1.30 de la tarde, se bañaban y luego salían a almorzar a la puerta del coliseo.
Par de “panochas” y granizado y la misma ruta de vuelta. Atravesar la cancha, subir al bus y bajar cerca del Parque Central a seguir trabajando por la tarde. Los más “suertudos” iban a la Universidad.
No eran futbolistas: eran estrellas del fútbol.
Catato Cordero trabajaba en el Consejo de la Producción; Alex Sánchez en Lacsa; Alvarito Murillo, crack que estudiaba ingeniería en la UCR; Rodolfo Herrera en Siemens; Hernán “Cañoncito” Carboni en el BCR, Miguelito Cortés en el Banco Anglo; Gallego Armijo, funcionario bancario; Guido Peña al Almacén La Garantía de su padre; Piolo Hernández en Keith y Ramírez y podemos citar decenas de nombres más.
Repito: no eran futbolistas; eran estrellas y el público se comía una empanada al lado de ellos y los periodistas entraban a los entrenamientos y se metían a los baños y los entrevistaban “chingos”.
¡Catato Cordero; Álvaro Murillo; Max Villalobos; Carlos Alvarado! Monumentales.
Humildes, modestos, grandiosos, transparentes y auténticos, nunca máquinas ordenadas por los departamentos de prensa o los caprichos del director técnico de turno.
Hoy, la prensa deportiva, sobre todo la escrita que no deja dinero a los clubes, no tiene acceso a los jugadores; repito, a los jugadores, no a estrellas como Marvin y Tulio; Cuty Monge o la Rata Jiménez, Negro Esquivel y Edgar “Culona” Quesada.
Los periodistas son echados de las prácticas, no pueden entrevistar a quien quieran, sino solo a los que ordena el entrenador; las conferencias son controladas por los jefes de prensa de los clubes, paradójicamente enemigos de sus colegas y los vestuarios son sellados como si dentro de ellos estuvieran colgando obras de arte maestras, expuestas a un ladrón.
Los dirigentes aíslan a sus Messis y Ronaldos de la prensa criolla para que no se contaminen con preguntas incómodas y estúpidas. Juegan a ser de primer mundo, en un fútbol de tercer mundo, de canchas que dan vergüenza, de postes viejos sin luz y de graderías y sanitarios asquerosos.
Pobres niños, nunca se podrán tirar un sirope con Patrick Pemberton, ni comerse una empanada de chorizo con David Guzmán. ¡Salados!

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