Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Sábado 11 Octubre, 2014

Omán son dos equipos en uno.
Tienen la defensa más ingenua del mundo y un ataque de vértigo y espanto.


La retaguardia anfitriona fue tan generosa y benevolente con el país invitado que decidió regalarle tres goles: el primero, el tercero y el cuarto y como no hay quinto malo, este no entró.
El portero Alí salió a cazar mariposas muy temprano y Álvaro Saborío lo madrugó de cabeza (1-0); Junior Díaz se metió al área enemiga, se enredó con el balón, cayó de bruces y fueron a marcarlo Saad (11) y Ahmed (12). Ninguno le sacó la pelota y tirado en el césped, el Junior se las ingenió para pasársela a Bustos Golobio que fusiló el tercero.
El cuarto gol de Costa Rica fue patético. El central Abdullsallam (13) se confía en un balón largo y espera media hora a que salga a recogerlo su portero Ali. David Ramírez atisba y mientras los rivales se atienen uno al otro, el 7 de la Sele mete la punta de su zapato y concreta. Tres regalos previos a la Navidad de una nación muy generosa con sus visitantes.
Omán fue un desastre en defensa, pero jugó fútbol del bueno en ofensiva. Si tres de los goles costarricenses fueron obsequio de la casa, las tres anotaciones de los anfitriones fueron de pura categoría y debieron hacer más.
Eid (8), Raed (6), Qasem (10), Emad (20) y sobre todo Mohammed (9), despedazaron la frágil retaguardia costarricense, abierta, desguarnecida y fatal en su línea de cuatro, sobrepasada una y otra vez gracias al fútbol asociado, veloz, bien coordinado de los atacantes de Omán.
Al fútbol de Costa Rica le va mejor la línea de tres centrales, como se presentó en Brasil. Se da cobertura a más metros y tener un hombre de más cerca del portero, tipo Pipo González ayuda a controlar los espacios.
El equipo de Paulo César Wanchope fue un desastre en defensa y globalmente, pocos jugadores mantuvieron la jerarquía de mundialistas exitosos: Junior, Tejeda, Bryan mantuvieron su nivel; Esteban Alvarado, John Jairo, Golobio y Saborío hicieron lo suyo; Celso no pesó; Gamboa, Duarte y Miller bajos de forma.
El partido en tan remoto lugar, nos sirvió para valorar el fútbol de un seleccionado prácticamente desconocido en el planeta fútbol y de verdad que esta formación, del medio campo para arriba, merece reconocimientos y aplausos.
Sus atacantes saben lo que hacen; saben buscar espacios, pasarla, jugar al hueco y dibujan un fútbol picante, inteligente y de buen tránsito. Mirar el ataque de Omán, fue lo mejor del partido.

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