Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 6 Junio, 2014

Hubo una jugada preciosa de la Selección Nacional con Japón, cuando en un avance le llega el balón a Celso Borges que de inmediato lo filtra al ingreso de Joel Campbell y la acción rompe la retaguardia nipona. Joel se ubica frente al portero Kawashima y lo quiere vencer con su remate preferido, un zurdazo a la esquina pero no le salió y el portero asiático detuvo.
Esta acción, sumada a la ejecutada en el gol, pase largo y preciso de Cristian Bolaños a la corrida de Junior Díaz, quien levanta la cabeza y ve el cierre de Bryan Ruiz a quien le filtra un servicio fuerte, paralelo y exacto que el capitán acomoda en la red, son dos jugadas de fútbol de primer mundo que lamentablemente en el balompié costarricense se presentan esporádicas y aisladas.
Esos servicios que rompen murallas, esas colectividades que resquebrajan retaguardias, esas combinaciones donde se juntan tres o cuatro jugadores para construirlas, son la esencia del fútbol moderno y fueron las que hicieron del Barcelona de Pep Guardiola el mejor equipo del mundo.
Sabemos de las bondades y adelantos del balompié nipón; el fútbol en Asia crece a pasos agigantados desde que “los chinitos”, con grandes maestros del fútbol occidental, dejaron de correr a lo loco y aprendieron a jugar fútbol. La selección Femenina Sub-17 de Japón, campeona del mundo en Costa Rica dio un adelanto de lo que pueden lograr sus coterráneos en Brasil.
Ahora, ¿por qué Japón no puede dar el gran paso y codearse con los grandes del balompié universal como Brasil, Alemania, España, Argentina y otros?
Porque todavía lucen inocentes en zonas de retaguardia; repasemos que Costa Rica a pesar de sus limitaciones ofensivas, tuvo para meterles tres o cuatro goles si sumamos el de Ruiz y los que botaron Joel y Chiqui Brenes.
Pero en ataque, Japón mostró un poderío inusitado, porque repitieron a cada rato ese tipo de jugadas ya reseñadas que la Selección Nacional presenta por cuentagotas y que en el campeonato local igual se dan cada dos o tres partidos.
El fútbol costarricense carece de fantasía e imaginación; no tiene vértigo ni asociación; sin sorpresa es previsible y fácil de controlar, de ahí lo complicado que será sacar tajada en el pastel del Mundial.
Hoy enfrenta a Irlanda, un fútbol muy diferente al de Japón, y Jorge Luis Pinto anunció variantes no de fondo, sino de posición por posición lo que personalmente no nos augura mayores esperanzas.

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