Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 24 Septiembre, 2013

No se si está bien hecho eso de archivar los errores del clásico.
Fue un juego tan dramático, excitante, emocionante, tan generoso para el espectáculo, histórico por las ocho anotaciones, tan de infarto por las alternativas en el marcador y la forma en que se produjeron ellas, que apenas terminó el juego, los directores técnicos y específicamente Óscar Ramírez pidió a la prensa deportiva no mencionar errores, sino aplaudir virtudes.
El Machillo dijo algo así como: “qué importa que nos metieran cuatro, si nosotros también metimos cuatro”.
¿Fueron los goles producto de las virtudes de los futbolistas o muchas de las anotaciones se derivaron de gruesos errores en las retaguardias?
Desde luego que se dieron las dos cosas.
La mayoría de las anotaciones se gestaron por los costados y los jugadores que ejecutaron los servicios, tuvieron demasiadas facilidades para lanzarlos.
Al defensor manudo Ariel Soto lo dejaron centrar a placer; el primero de sus servicios lo conectó Jerry Palacios al poste y de los otros se concretaron dos anotaciones. El trillo que halló el novel carrilero erizo tuvo visos de autopista.
Minutos después observamos a Manfred Russell sacar un centro escondido entre tres defensores de la Liga. Ninguno siquiera levantó una pierna para evitar el pase atrasado de Manfred a Barquero, que el zurdo envió a las redes.
Dos minutos después el propio Barquero centró a placer; Sancho y Palma solo observaban y David Ramírez peinó de cabeza a los cordeles sin el mínimo obstáculo. ¿Qué hacían Acosta y López?, y dos minutos después, Russell les repite la faena, aprovechando yerros de Rodríguez y Sancho que más bien se la ponen a Barquero para que crucifique a Patrick con el tercero.
En estas anotaciones, las cinco, si nos ponemos en el mismo plan del “Machillo” Ramírez, tendríamos que admirar la calidad de los que remataron. El testarazo de Kevin fue fulminante; el segundo remate de García que abombó las redes de Donny, fue aplaudido hasta por los mismos defensas morados que se quedaron viendo al erizo disparar a placer. Los zurdazos de Michael Barquero, dos rayas rastreras bien ubicadas al lado del paral.
¿Habrá entonces que olvidarse de cómo se generaron los servicios para quedarse con la belleza de los remates?
Complicada sin duda la interpretación, máxime que los tres goles del segundo tiempo, igual nacieron de errores garrafales, tema que da para seguirlo mañana.

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