Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 11 Septiembre, 2013

¡Cuarto Mundial!
Clasificación dramática.
Estuvo asegurada con la anotación de Randall Brenes, gol de pobrísima calidad pero de significado monumental; un remate débil, fácil de atrapar al primer palo, que para dicha nacional superó la estirada del portero Richard McCallum.
Sin embargo, hubo que posponer por varios minutos el festejo cuando en el cierre del partido, Jamaica empató con toque suave de Jermaine Anderson en la nariz de Patrick Pemberton, que obligó a guardar el champán.
La acción entonces se trasladó a Tegucigalpa.
Ahora, ese empate en Kingston no alcanzaba para la clasificación si Panamá vencía a Honduras. Pero en el instante del cambio de escenario, cuando los seleccionados se refugiaron en el vestuario del Estadio Nacional de Jamaica a esperar acontecimientos, Honduras derrotaba a los canaleros 1-0 y la Tricolor amarraba la clasificación. Pero de pronto empató Panamá y le quedaban 40 minutos al juego.
Surgieron las sombras de Washington.
Solo penumbras, porque el marco de acción era bien distinto y a Costa Rica le quedaban, no importa que ganara Panamá, más oportunidades para clasificarse.
Sin embargo la ansiedad se hizo presente.
La pura verdad que los ticos deseábamos clasificar a Brasil con un triunfo de la “Sele” en Jamaica y se tuvo amarrado hasta el minuto final. Es más, fue en el descuento que Jamaica empató y obligó a retrasar el festejo.
Cuatro millones y medio de ciudadanos sacaron computadoras y lapiceros y la tabla de posiciones de la hexagonal se publicó cada dos minutos en las pantallas de las televisoras. ¡Qué si gana Panamá; qué si empata Panamá; qué si gana Honduras! Las tomas del vestuario costarricense en Kingston reflejaban drama y angustia a la espera del desenlace final.
Gol de Honduras. Gritos y más gritos. ¡Estamos en Brasil!
Gol de Panamá.
Mae saque la calculadora... ¿y ahora qué pasa?
Mae estamos clasificados; el empate nos clasifica.
Honduras 2 Panamá 2
Tiro de esquina en favor de Panamá.
Washington, Washington... bombazo de Blas, paradón de Valladares. ¡Uuuuuuuy!
Terminó, terminó, terminó, gritó un narrador fanático por ahí.
¡Costa Rica al Mundial!
Jorge Luis Pinto llora como un niño.
Se le quiebra la voz mientras agradece a toda Costa Rica el apoyo a la gesta que lideró.
Cada lágrima borra capítulos pasados; el momento no es para malos recuerdos; solo quiere festejar el hoy, un hoy enmarcado en noche dramática con final perfecto.
“Es el momento más feliz de mi vida”, dijo.
¡Gracias maestro!

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