Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 19 Julio, 2013

Cuando yo era chiquitillo en época prehistórica las grandes empresas tenían un gerente general.
Otras más pequeñas, un oficial mayor.
Recuerdo el extraordinario trabajo de Jesús Manuel Mora Trejos como oficial mayor de la Federación Costarricense de Fútbol.
Don Eladio Gómez manejaba al Saprissa casi que solito.
Cuando trabajé como redactor en La Nación, don Manuel Fernández Boschini era el gerente general y luego en la República, trabajé con don Eugenio Pignataro y Luis Guillermo Holst.
No sé en qué momento o en qué rincón del mundo, si fue en Wall Street, en Hatillo Ocho o en Londres, empezaron a surgir gerentes de todo y ahora me muero de la risa cada vez que leo las diferentes formas como los reparten.
En las revistas “popof” suelen salir retratados al lado de unas hermosas señoras que al igual que ellos, son gerentes de todo.
Existen gerentes de marca, de piso, de ascensor, de parqueo, de imagen, de territorio, de mercadeo, de azotea, de uñas, de ventas, de desarrollo, de recursos humanos, de personal, desde luego los gerentes generales, de proyección, de malos olores, de despidos, de autos nuevos, de usados, de viejos, de jardines, de finanzas, de trato al cliente, de almuerzos, de lobbys, de seguridad y hace rato emergió una nueva figura en los organigramas que se llama COO. Así, en las grandes empresas hay un COO.
Casi todos estos funcionarios, sobre todo los gerentes de piso y ascensor, andan pegado en la oreja un aparato rarísimo, como una prensa de ropa que yo no sé sinceramente para qué sirve.
Suponemos que el gerente de sótano, cuando toma el ascensor para subir a conversar con el gerente de piso, ocupa de ese aparato para estar comunicado.
A manera de recuerdo, tuve un compañero en redacción que se vanagloriaba de ser MSC, PH, D (y griega y zeta). Hoy trabaja de mecánico en Zapote.
Cuando miro retratadas en las portadas VIP y en la TV a tanta mocosa linda con un título de gerente de algo a cuestas, por ejemplo, gerente de pestañas postizas, me queda la impresión de que algo no anda bien en la humanidad. Y para cerrar —hoy no quería escribir de fútbol porque estoy saturado de competencias y partidos—, repasen que todos los “majes” que se quedan sin “brete”, lo primero que hacen es mandar a imprimir tarjetas personales en que se califican como “corredores de bienes raíces”.
De verdad que dan ganillas de salir corriendo.

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