Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 22 Mayo, 2009



Nuestra posición es clara y contundente.
Los valores están por encima de las leyes.
Existen personas que, sin valores, se aferran a las leyes y saben qué, no son precisamente hombres de ley.
Escribí en su momento de cómo un empresario de una línea de buses, me puso enfrente un grupo de abogados para defender su territorio.
Uno de sus buses le pasó por encima a mi vehículo; el administrador de esa empresa, presente en el lugar de los hechos, reconoció la responsabilidad del conductor, pero el propietario “fue a juicio”. Su legión de abogados me desgastó y terminé pagando los daños a mi auto.
He aquí un “hombre de ley”, pero sin valores.
Millonario en colones, para mí no vale un cinco.
En este sainete en que está hundido el fútbol costarricense, desgraciadamente son muchos los que prefirieron las leyes que los valores.
Entonces, la corrupción ronda varias esquinas.
Existen denuncias que deberían parar los pelos al más pintado y huele muy feo, no en Dinamarca, sino por Ojo de Agua y Escalante.
Los desequilibrados emocionales brotan como abejones “de mayo”, el fanatismo ciega y el fanático insulta. Ayer publicamos opiniones de seguidores del Herediano y lo que recibí fue par de regaños. Uno dice que para qué publico opiniones que él puede leer en Internet (me está diciendo vago) y otro aprovecha para recalcar mi “antiheredianismo”, de toda mi vida.
¡Ni modo!
Hay que entender la euforia de los rojiamarillos, hoy en las puertas del título 22 que tanto añoran y no vamos a ser nosotros los que echemos limón agrio al refresco.
Heredia vive y disfruta de una fiesta merecida; sus apasionados aficionados recalcan que todo se lo han ganado en la cancha, cosa cierta y que nada tienen que ver con el enredo. Han inundado nuestro correo opinando sobre esto. ¡De acuerdo! Felicitaciones.
Retornando al zambrote, sería bueno alertar el olfato para ver si es posible captar el tufo que se expande en los diferentes escenarios de la tragicomedia, y entender que detrás de los diferentes escenarios en los que se subió el largo conflicto, pululan con sus escopetas cargadas de balas de incisos y normas, quienes quieren la cabeza de Eduardo Li y se aprovechan del actual escándalo.
Cuidado y si no, todo este desmadre de denuncias, apelaciones y recursos, derivados de un simple partido de fútbol, no tengan mar de fondo y sean otros muy distintos los propósitos de quienes iniciaron los enredos en los escritorios.
Las denuncias de Adolfo Hernández son muy serias; hay un dirigente suspendido por supuesto soborno; existe un sector de la prensa deportiva apuntada a intereses comerciales de sus patronos; temas muy delicados para que nos hagamos de la vista gorda.
Hay que aprender de esta crisis y lo primero que deberíamos aprender es que los valores del ser humano íntegro, deben estar por encima de las leyes.
Primero la conciencia; de último el papel.

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