Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 24 Julio, 2017

Cada 22 de julio le doy una tregua al deporte

Sábado 22 de julio de 2017.
Han transcurrido 32 años; el lunes 22 de julio de 1985, un ángel que me salvó la vida y que murió hace siete años, Fernando Sáenz Abarca “El Zorrito”, detuvo su vehículo a la entrada del Bar La Martinica en avenida 10 y se bajó para meterme un trago.
Tuvo miedo de que ese harapo humano que convulsionaba, temblaba y vomitaba en el asiento delantero del auto, se desvaneciera o muriera en su interior.
“Te voy a meter un trago para ver si llegás vivo al Hogar”, medio escuché que me dijo. Fernando me llevaba angustiado al “Hogar Salvando al Alcohólico Roberto Soto” que tenía la sede en Zapote, para internarme.
En mi borrachera suicida, agarré una tanda que empezó el 17 de abril y paró a punta de vómitos, diarrea y espasmos el domingo 21 de julio.
El Dr. Roberto Rojas, llamado de emergencia por mi familia, dictó sentencia. “No creo que Tano sobreviva; prepárense para lo peor”. Pero, el lunes, cuando abrí los ojos, ahí estaba de pie a un costado de la cama el “Zorrito”, quien angustiado me llevó a Zapote. Cuando puso el trago de guaro delante de mi cara para que me lo tomara, respondí que NO. No, no, nooo.
Dios habló en mi nombre. Fue ÉL quien rechazó la droga. Fernando regó el alcohol en el caño al frente de la cantina y me dijo: “Tanito, Tanito; aquí queda este trago esperándote. Dios quiera nunca vengás a recogerlo”.
Y se secó esperándome.
Han pasado 32 años, sobrios, hermosos, repletos de alegrías y también tristezas, porque la vida sigue igual. Murió mi mamá en 1999 y pude regalarle 14 años de feliz sobriedad; falleció mi adorada hermana Doraida, precisamente una semana antes de que muriera el “Zorrito”, días muy duros, se casaron mis hijas, nacieron cinco nietos que jamás han visto a “Nonno” tomarse un trago. Hemos viajado, compartido, nos hemos divertido sanamente.
Hoy les doy gracias a Dios y a los Alcohólicos Anónimos que me dieron la oportunidad de una nueva vida, una vida donde la “Cruz de la Sobriedad” da equilibrio a mi existencia: Dios-Reunión AA-Trabajo–Familia.
El Dios amigo, la terapia de grupo, la responsabilidad laboral y la diversión familiar, completan una vida tranquila y equilibrada emocional y espiritualmente.
Termino con esta frase muy común en AA: “Señor, aún no soy lo que quiero ser; ni siquiera soy lo que debo ser, pero gracias Señor por no ser lo que era”.
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