Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 9 Diciembre, 2016

El trauma de no vencer a un grande pesó en el León

En el Morera Soto olía a empate desde el primer minuto del segundo tiempo.

El trauma, la sequía de triunfos del Alajuelense contra los grandes fue el peor enemigo del equipo manudo que, con la mínima ventaja de su lado, se metió atrás, le cedió la iniciativa al Saprissa con la vana ilusión de que el 1-0 logrado por Jonathan McDonald desde el minuto 18 se hiciera gigante.
Carlos Watson sacrificó un defensa, Julio Cascante que no se la veía a José Guillermo Ortiz y metió a Anllel Porras para que jugara detrás de Ronchetti y Colindres y empezaron a rondar los balones sobre el marco de Pemberton. Centros, tiros de esquina, remates distantes, el Monstruo tejió el cerco y enjauló a un León que, a pesar de estar tirado atrás, tuvo más de tres ocasiones de sentenciar el Clásico.
Hay que reconocer que este Alajuelense de Farinha hace rato que se quedó sin suerte, porque tuvo para ganar el juego y estuvo a siete minutos de lograrlo, pero, tanto va el cántaro al agua que se rompe y de nuevo, en acción de bola muerta, jugada maldita para la retaguardia manuda en toda la temporada, Saprissa construyó la acción del empate. Justo porque quien analiza este clásico sin fanatismo, notó que en la segunda parte, Saprissa no cesó en buscar la igualada, mientras que la Liga se atrasó muy temprano, aferrada a la mínima ventaja.
Ahora, el 2-0 que liquidaba el Clásico, la Liga lo tuvo a la vuelta de la esquina, pero este equipo de Farinha no sabe definir. Luce ansioso, precipitado, obsesionado por marcar y se van y se van las oportunidades. Ortiz se paseaba por el carril izquierdo y no terminaba nada, salvo la acción del gol; aquella fuga de Guevara que estaba para más; el bólido de Claros frente a Carvajal que se lo tiró a los brazos y dos balones que dejó ir Woodly en las narices del meta morado.
Entonces, conforme avanzó el reloj en la segunda parte se hizo evidente que el Saprissa anotaba en cualquier momento y que Alajuelense, más preocupado por sostener el 1-0 que por aumentarlo, podía pagar caro ese conservadurismo como finalmente se dio. Lógicamente que este empate en el clásico, fue el mejor regalo para las huestes de Hernán Medford que ahora dependen de sus propias fuerzas para que Saprissa no campeonice automáticamente.