Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Sábado 31 Mayo, 2008

NOTA DE TANO


De pésimo gusto ha sido el comportamiento de varios de los dirigentes del Saprissa y Alajuelense en los previos y durante los dos partidos de la final del campeonato. El mal gusto se extendió hasta el técnico de la Selección Nacional quien, aludido por el jerarca rojinegro, nos salió con un domingo siete cargado de resentimiento racial.
La exigencia de disculpas que la directiva manuda le pidió a Jeaustin Campos, se convirtió al rato en una guerra de chiquillos. Parecían güilas peleándose una bola de tenis en una mejenga de plaza.
Luego, lo sucedido en los minutos previos al segundo partido en el Morera Soto el jueves, lo que retrató fue el fanatismo sin razonamiento que inunda a los cuerpos dirigentes de los dos equipos, especialmente a los de la Liga, porque al fin de cuentas, el Saprissa lo que tiene es dueño y entonces no intervienen tantos personajes en la acción.
La bronca está planteada entre la directiva del Alajuelense y el cuerpo técnico del Saprissa, con ramificaciones al entrenador de la Selección Nacional, por estar este muy relacionado con el banquillo morado dados sus antecedentes.
Y no se trata de averiguar quiénes tienen la razón, sino repudiar la forma y el fondo en que las partes defienden el tenerla; no se dan a la prensa razonamientos juiciosos, análisis serios y por qué no, profundos para sostener una tesis. Uno espera que dadas las profesiones que califican a varios de estos dirigentes: economistas, empresarios, abogados, administradores, agrónomos, ingenieros, sus planteamientos y los argumentos que exponen para defender el color de sus equipos, deberían tener otro nivel, otra altura y que no se conviertan en pleito de cantina entre fanáticos de los dos clubes.
Le ha faltado mucha altura a la discusión.
Los oímos por la radio, los vemos por la televisión y lo que nos salen son chiquillos con bigote argumentando tonteras; niños con barba acusetas que se enojan y se pelean por un gesto, un poco de lluvia, un desastre natural y cualquier otra situación con fondo o sin fondo, en la que se inmiscuyen otra serie de personajes a la deriva y sin poder de decisión, como en el último caso, los personeros de Unafut y el cuerpo arbitral del partido.
El partido del jueves debió ser suspendido a las siete de la mañana, apenas alguien con poder tomara la decisión correcta. El país entero estaba en emergencia roja y miles de compatriotas sufriendo los embates de la naturaleza.
¿A quién se le ocurre jugar al fútbol?
¿A quien se le ocurrió decir que sí había partido y media hora después decir que no?
Y en medio de la confusión, los güilas de 40 y más años acusándose mutuamente dentro de un escenario bochornoso de inmadurez y fanatismo nada apropiado para sus edades.
Que brinque Medford, ni modo, todos conocemos su inestabilidad emocional, pero de dirigentes de club se espera otro comportamiento.

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