Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 28 Mayo, 2008

NOTA DE TANO

Arrinconado, renunció.
No le dio el gusto a la oposición de destronarlo directamente mediante una votación.
Acorralado, se les adelantó.
Después se echó un discurso de los suyos; de esos que hablan de sacrificio, voluntariado, amistad, solidaridad olímpica y demás yerbas.
Quiso emular a don Alberto Echandi con su patriótica frase de que la Presidencia de la República no vale la gota de sangre de un solo costarricense y se dejó decir, sin sonrojarse, que la presidencia del Comité Olímpico Nacional “no vale una sola enemistad” y que él estuvo y está en el olimpismo costarricense para hacer amigos.
¡Cuánto hubiésemos dado los ticos para que esta manera de pensar la hubiera puesto en práctica en 1989, cuando se reeligió “democráticamente” por primera vez!
Pero en todo caso, sus discursos de difunto a nadie interesan.
Lo cierto es que la pesadilla terminó y el lunes 26 de mayo pasará a la historia como un día clave y crucial para el desarrollo del deporte costarricense, cuando en una noche oscura típica de Coronado, finalmente se abrieron todos los portones de la luz.
Nadie podrá siquiera imaginar lo grandioso de este suceso y lo que va a significar para el futuro del deporte nacional, secuestrado en las instancias del derribado dirigente. Su caída abre espacios lúcidos, claros y transparentes para que los deportistas nacionales empiecen a caminar por rutas seguras y serenas.
Las pocas horas en que este hombre fue miembro del Consejo Nacional de Deportes resultaron traumáticas para sus otros integrantes. Se oponía a todo, obstaculizaba todo, pedía que se grabaran sus peticiones y las exposiciones de los otros directores. Con este egocentrista dirigente metido en el Icoder, el deporte criollo estuvo paralizado por muchísimas semanas.
Ahora no está ni en el Icoder, ni en el CON; se ha refugiado en un rincón del olimpismo internacional, lejos de nuestra casa y desde ahí ya no podrá hacer más daño. Se quedó solo, completamente solo y ni sus más fervientes allegados se atrevieron públicamente a dar la cara por él.
Triste final para un dirigente empalagado del éxito, que recorrió el mundo entero pregonando voluntariado y sacrificio, pero aceptando los viáticos en dólares de sus patronos sin rendición de cuentas.
El viaje al exterior le significó un emolumento; así lo dictan las leyes olímpicas, de manera que es cuestión de sumar cerca de 200 viajes al extranjero, más los viáticos recibidos y se cierra el legal negocio.
Quienes estamos metidos en el deporte desde diferentes trincheras y conocemos sus entornos y las personalidades que se mueven a su alrededor, estamos de fiesta, porque la renuncia de este eterno “servidor” del olimpismo, inyecta al deporte costarricense de un volumen de paz y de energía positiva que en muy pocos días empezará a rendir dividendos. ¡Ya lo verán!

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