Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Sábado 19 Abril, 2008

NOTA DE TANO


Me parecen exageradas las reacciones contrarias a la decisión de la dirigencia del Santos de Guápiles, cambiada en lo mínimo a última hora, de acaparar para sus seguidores la boletería del partido decisivo que tendrán el domingo 27 contra Cartaginés.
Como cortesía, que para nosotros nada tiene que ver con juego limpio, que esto es asunto en la cancha, se acostumbra en todo el mundo que en partidos relevantes, el anfitrión cede espacios en sus graderíos para los seguidores del equipo contrario.
Boca guarda unas sillas a los fanáticos del River y viceversa y en Europa, cuando Milán viaja a Barcelona y el Chelsea a París, los clubes que son casa reservan espacios a los fanáticos de los clubes que llegan de visita.
Es una sana y buena costumbre.
Pero.
Santos y Cartaginés juegan un partido a muerte y me parece mucho más ético que los dirigentes del Santos decidan ofrecer a sus seguidores toda la capacidad de su estadio que, como lo acostumbra precisamente el entrenador del Cartaginés en partidos claves, recortar la cancha o dejar que el zacate crezca para impedir el buen juego del rival.
Dentro de las circunstancias y aceptando la falta de elegancia de la dirigencia guapileña, me parece más correcta la decisión administrativa de no vender entradas a los seguidores del Cartaginés, que meterse a la cancha con tarros de cal a achicarla y archivar la cortadora de zacate para que la bola no ruede. Esto último nos parece de peor gusto y ha sucedido en el Fello Meza.
Otro punto.
La afición del Cartaginés, leal, fiel y admirable desde todo punto de vista, es muchísimo más numerosa que la del Santos. Son centenares los seguidores del equipo brumoso que desean estar presentes en el Eval Rodríguez. Si Santos se descuida, los fanáticos blanquiazules llenan el estadio y dejan a los locales por fuera.
Claro, se sabe que la dirigencia anfitriona vende el 80% o más de su taquilla a sus parciales y deja el 20% o menos a la visita.
Lo que pasa es que la masa de fanáticos del Cartaginés que se trasladaría a Guápiles no es pequeña. Todos querrán entrar al estadio y aunque les vendan un porcentaje de entradas, no van a caber. El lío en los portones está a la vista.
Con esta decisión de los locales de acaparar ahora el 95% de los asientos de su estadio, repetimos, poco elegante, pero que nada tiene que ver con el “fair-play”, que para nosotros es otra cosa, se evita entonces la bronca.
Y queremos cerrar con otro ejemplo.
¿Qué decisión tomaría la dirigencia del Cartaginés para su decisivo partido de mañana en el Fello Meza, si se entera de que miles de seguidores de Pérez Zeledón quieren comprar entradas para acompañar a su equipo en un partido que les puede asegurar la clasificación a la segunda fase?
¿Abrirían las boleterías los directivos del Cartaginés para que los generaleños compren todas las entradas que quisieran?

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