"¡Mira tras de ti! Recuerda que eres un hombre". Repitiendo sin cesar estas palabras, un siervo desfilaba detrás de cada general victorioso en su regreso a las calles de Roma. Así perseguían en la Antigua Roma que sus generales no abrazaran la soberbia después de conseguir alguna conquista.
En la gerencia de empresas no estaría de más establecer tradiciones al estilo del memento mori romano. El éxito hoy es algo momentáneo, demasiado momentáneo. Los cambios en los diferentes mercados en los que intervienen las empresas son trepidantes y hacen desaparecer un liderazgo en el mercado en cuestión de meses.
Sostener ventajas competitivas en el tiempo es el mayor reto de los líderes hoy. La evolución tecnológica deja por el camino cadáveres de generales que se creyeron invencibles cuando dominaban en su mercado. Ejemplos como Nokia, muchas compañías aéreas o incluso empresas del mundo digital como Yahoo, nos indican lo efímeras que pueden ser las celebraciones.
No sólo influyen factores tecnológicos para que las industrias cambien de forma violenta, sino las costumbres cambiantes de los consumidores. Hace unos años la cerveza era la bebida alcohólica por excelencia, pero su liderazgo está menguando año tras año. Por poner un ejemplo. Lo mismo sucede con el tabaco, que ya no atrae masivamente a los jóvenes como hace un par de décadas.
Hoy el liderazgo consiste principalmente en saber adaptarse rápidamente a los cambios. Disfrutar de los logros, de los éxitos, es importante. Pero es el éxito el primer paso hacia el fracaso, sobre todo si pretendemos hacer siempre lo mismo, aunque el entorno competitivo sea totalmente diferente. Aquí es donde el líder audaz no se queda anclado en su victoria momentánea y autocomplaciente, creyéndose dueño de la verdad, sino que escucha con atención a su equipo y entiende que es en sus colaboradores en los que tiene que asentar el futuro.
Francisco Avilés R.
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