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El tiempo se acaba, ¿dónde están las soluciones?

En las últimas semanas vimos cómo los seis grandes bancos centrales del mundo, el Central Europeo (BCE), los de Inglaterra, Japón, Canadá y Suiza, capitaneados por la Reserva Federal estadounidense, ampliaron la oferta de liquidez en dólares. El objetivo de esta medida es prevenir una guerra de devaluaciones que perjudique a Estados Unidos y que desate una guerra de divisas de enorme presión.
Las causas de este problema se basan principalmente en que de una manera creciente los mercados financieros internacionales están temiendo que países de la zona euro como Portugal, Irlanda, Hungría, Italia, España, Bélgica y Francia, enfrenten problemas de liquidez y que, además, lleguen a niveles de insolvencia tal y como le sucedió a Grecia.
Como consecuencia los principales tenedores de los bonos de esos países europeos, los bancos, han salido a liquidarlos al mercado secundario, en busca de sanear sus balances, generando que el precio de los bonos sea cada vez más bajo. Adicionalmente, estos bancos han dejado de prestar dinero y se reposicionan en el dólar. El apetito por la compra de dólares está creando una escasez de esa moneda, lo que ha motivado a la Reserva Federal estadounidense (ente que se encarga de imprimir dólares) a colocar dólares en el sistema financiero.
El problema se ha complicado en los últimos días, porque Europa no puede darse el lujo de no tomar una medida para salvar la zona, se necesita que el BCE se involucre y financie al Fondo Monetario Internacional y al Fondo de Rescate Europeo, y que con este dinero se compre la deuda de España e Italia por los próximos tres años, esto significa imprimir aproximadamente €1,4 trillones.
Que Europa imprima mucha moneda haría que las exportaciones europeas sean más baratas y las estadounidenses más costosas. Para disminuir el impacto en la cotización del dólar se ha planteado la impresión de dólares como única solución al problema.
Angela Merkel, canciller alemana, y Nicolas Sarkozy, presidente francés, han sido los principales opositores de adoptar dichas medidas en la zona euro. No obstante, el tiempo se les acaba y permitirle al BCE ser ese prestamista de última instancia es una posibilidad cada vez más latente.
El camino se vislumbra complicado, el tiempo y las opciones se agotan. Las acciones muestran que hay una imperante necesidad de lograr una coordinación internacional en un momento en que aumentan los temores a que se desate una guerra de divisas.
Veremos entonces diez días fundamentales para el futuro de Europa, en el que los ojos de los mercados financieros estarán centrados en la zona euro.

Trader Internacional
Improsa Valores, Puesto de Bolsa
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