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Jueves, 15 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Maleducadamente sincero

Claudio Alpízar | Jueves 04 septiembre, 2014


George Bernard Shaw… pensaba que cada nación y sociedad recoge lo que cosecha…


Maleducadamente sincero  

Soy fanático del escritor irlandés George Bernard Shaw (1856-1950), me encantan sus frases célebres. Algunas de ellas son maleducadamente sinceras, son las que más me gustan porque le pasan factura directa y merecida a quienes las inspiraron.
Bernard dijo que "no tenemos más derecho a consumir felicidad sin producirla que a consumir riqueza sin producirla". Me vienen a la mente las promesas que con altos grados de irresponsabilidad generan algunos políticos. Las ansias desmedidas de congraciarse parecen darle licencia a toda ocurrencia. Unos hablan de distribuir riqueza pero no dicen cómo producirla; a los más humildes les dicen que los harán felices sin mayor esfuerzo, que el Estado todo lo provee. Otros proclaman la igualdad, pero le huyen a la equidad porque esta obliga al trabajo y a la responsabilidad.
A finales del siglo XIX Bernard Shaw con elegancia se pronunciaba contra los engañosos índices y estadísticas macroeconómicas cuando decía que "la estadística es una ciencia que demuestra que, si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno”. Estadísticas que gustan a algunos que gobiernan con los fríos e insensibles números para obviar las realidades de la injusticia y la pobreza.
Pero nada como aquella frase sincera en que este distinguido irlandés describe a los pseudopolíticos que al errar se disculpan con un sinnúmero de justificaciones. Shaw decía que“cuando un hombre estúpido hace algo que le avergüenza, siempre dice que cumple con su deber”, o sea, siempre será un patriota responsable.
Shaw no se quedaba sin su recomendación para los que desde las aulas y la teoría tienen respuestas para todo, pero en la práctica quedan debiendo, así decía que "los que son capaces, crean; los que no son capaces, enseñan". Empero, de los que fracasan y se niegan a abrir los ojos, los que no aceptan sus errores, de esos arrogantes y soberbios dijo que “piensan que su reputación aumenta con cada fracaso".
Pensaba que cada nación y sociedad recoge lo que cosecha, al punto de pensar que "la democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos”. Fue defensor de los jóvenes, pero creía que debían madurar para asumir responsabilidades mayores y que eso solo el tiempo lo permitía, por eso en forma jocosa decía que "la juventud es una enfermedad que se cura con los años", algo que todos experimentamos en el proceso de nuestras vidas.
Shaw pensaba que en toda sociedad aparecen los hombres brillantes, los estadistas, aquellos que le dicen a los mediocres tu "ves cosas y dices: ¿por qué? Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo: ¿por qué no?". Así definía a los sueños como la hoja de ruta que permite transformar las cosas y hacerlas posibles, trabajar para lograrlo.
Pero George Bernard tenía algo claro, veía una ventaja mayúscula en el sistema democrático, ese que tiene periodos que se cumplen, con elecciones periódicas para escoger nuevos representantes. Por eso afirmó que en la democracia "a los políticos y a los pañales hay que cambiarlos seguido... y por las mismas razones”.

Claudio Alpízar Otoya
Politólogo