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COLUMNISTAS


Los vendedores ambulantes

Carlos Denton [email protected] | Miércoles 02 junio, 2010



Los vendedores ambulantes


En Washington venden relojes de dudosa procedencia, en Nueva York ofrecen los mejores “perros calientes” de la ciudad, en Londres pregonan camisetas con la imagen del “Big Ben” y en San José la oferta incluye películas y música pirateadas, muñequitas, cargadores de teléfono celular, ropa, joyas, comida y muchos productos más. En todo el mundo, mientras que haya personas dispuestas a comprarles a estos comerciantes precarios, van a estar ellos en las calles ofreciendo su mercadería.
Antes de que se construyeran los peatonales en la capital de Costa Rica, estos vendedores se instalaban en las aceras, en muchos casos impidiendo el paso de los transeúntes y obligándolos a caminar en la calle. A veces tomaban parte de la vía pública, estorbando el paso de los vehículos. Ahora con los peatonales estos perciben los grandes espacios abiertos como idóneos para realizar sus negocios; desde una perspectiva estrictamente comercial tienen razón.
La relación entre vendedores y los políticos de turno siempre ha parecido operacionalmente como un subibaja; cuando la población de comerciantes de la calle se hace demasiado grande, los políticos se unen con los medios, las cámaras, y otras organizaciones para presionar para que se devuelvan a un peso más aceptable dentro de lo que es la vida urbana. En un par de ocasiones como solución se han construido mercados especiales para ellos debidamente techados y guardados; los políticos luego negociaron con los vendedores para que pasaran sus negocios a estos centros. El problema con esta solución, y ya se dieron cuenta de ello los vendedores, es que al pasar a un galerón fuera de la calle pierden la única ventaja competitiva que normalmente tienen; la proximidad con los clientes. Otra solución fue la de limitar la cantidad de vendedores que pudiera haber en una esquina o un sector, permitiendo un mejor flujo de peatones y vehículos.
En la actualidad en San José se está tratando de reprimirlos confiscando su mercadería y, si están vendiendo productos ilícitos como películas pirateadas, o quizás drogas, procesándolos. Estas acciones no parecen haber tenido impacto en la presencia de los comerciantes.
La verdad es que la única manera de lograr que desaparezcan los vendedores ambulantes de un sector de una ciudad es reduciendo el tráfico de personas en este. Si no estuvieran pasando miles de personas por los peatonales de San José, estos vendedores no tendrían interés en estar allí ofreciendo sus productos. Mientras que la capital costarricense, por falta de capacidad del Ministerio de Transportes, sea la terminal de autobuses principal del país, no va a haber merma en el movimiento de personas.
Recibí varios comentarios a mi columna de la semana pasada. Un alto dirigente del Banco Central me informó que Nicaragua actualmente debe a Costa Rica $680 millones por la energía comprada y no pagada a principios de la década de 1980 y no los $500 millones que reporté en el escrito. Además me informó que Honduras, que también quedó endeudado con el país en ese periodo de la guerra centroamericana, ha pagado religiosamente su obligación y que la cancelará totalmente en julio de este año. Me pareció interesante la diferencia en el trato con Costa Rica de dos países vecinos.

Carlos Denton
[email protected]

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