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Los despropósitos han sido muchos, tanto en el ámbito legislativo como en el ejecutivo y algunos han producido complejas y serias consecuencias. No será fácil pero es la hora de enmendar errores


Los despropósitos de los diputados

Aprobar leyes que requerían gastos, sin que el país contara con ese dinero para hacerle frente a la obligación, es un error que han cometido los diputados de las últimas administraciones.
La mitad de las nuevas leyes desde 1991 se aprobaron sin contenido presupuestario.
Es de suponer que los correspondientes poderes ejecutivos tampoco devolvieron esas leyes con las debidas observaciones al respecto, sino que se limitaron a promulgarlas.
Sin embargo, aunque esa firma del Ejecutivo ponía en vigencia la ley, esto no hacía más que crear un grave problema porque no existían los fondos para cumplir con su ejecución.
Por ejemplo, en el periodo 2012 – 2013, los diputados aprobaron cerca de 30 nuevas leyes sin contenido económico para ser cumplidas.
Debido a eso, al menos unos $500 millones que estaban destinados a otras tareas que van desde la infraestructura hasta la salud y la seguridad, no recibieron la totalidad de esos recursos.
Y estos malos principios, que producían un equivocado gobierno del país, venían desde antes.
Tradicionalmente, los votantes han escogido gobierno, entre las distintas opciones que ofrecían las campañas electorales, ya fuera por tradición familiar, por conveniencia propiciada por el clientelismo político, o confiando realmente en la buena intención y la capacidad de un determinado partido.
Sin embargo, la situación de haber llegado a tener un país que paga gasto ordinario adquiriendo deuda pública, mientras la población ve deteriorarse día a día su calidad de vida, convenció a los votantes, como vimos, de que era necesario hacer un cambio.
La falta de infraestructura con todas sus consecuencias, el desastre en la administración de la CCSS con el correspondiente deterioro de la salud de la mayoría de los habitantes, sumado a la crisis de las pensiones, al grado de inseguridad, la corrupción, el aumento de la desigualdad y la pobreza, entre otros, fueron la mejor evidencia de que la sociedad civil debía vigilar muy de cerca lo que hacía el Gobierno.
Los despropósitos han sido muchos, tanto en el ámbito legislativo como en el ejecutivo y algunos han producido complejas y serias consecuencias. No será fácil pero es la hora de enmendar errores.
El Poder Legislativo fue parte importante de la cadena de errores y los Ejecutivos nunca comunicaron a la población, de manera transparente, hacia dónde nos llevaba ese camino.
Cuando se aprueban leyes sin el contenido presupuestario para que se pueda cumplir con ellas, se está engañando a la población que, en general, no se da cuenta del engaño.
Esto en materia legislativa, se suma a los malos manejos en la administración que desde hace muchos años viene sufriendo el país.

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