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Viernes 29 Junio, 2012

Lobeznos disfrazados de caperucitas

El desmedido crecimiento del Estado Paralelo y su consolidación, legitimación y generalización en todas las esferas del sector público, es uno de los elementos centrales de la llamada “ingobernabilidad”.
En los últimos 30 años ha ido penetrando todas las esferas del Estado, pero especialmente el gobierno central, donde no solo hay una multiplicidad de instituciones en cada sector con repetidas funciones, sino que cada una de ellas pretende abarcar funciones de las otras y agilizarse, utilizando cada vez más esas estructuras organizacionales variadas, controlables y moldeables que pretenden ser y no ser Estado.
Resulta muy atractivo actuar en los límites de la esfera privada con fondos públicos (los que, en años más recientes, se ha pretendido que NO son públicos) mediante esas entidades creadas por decreto, o por directrices ministeriales, o por juntas directivas, o por bancos y hasta entes multinacionales, que tienen diversidad de nombres, tamaños y formas.
Más allá de las objeciones sobre la proliferación de leyes e instituciones hasta la náusea, tan repetida y utilizada como excusa por funcionarios, políticos, gobernantes y precandidatos de diversos partidos desde el Municipio hasta la Corte Suprema; esta forma de existencia de un NO Estado que utiliza (y muchas veces derrocha, desperdicia, desvía) fondos públicos, hace del gobernar un laberinto.
Pero además resultan ser una forma de evadir las leyes (incluidas las referidas a la administración pública, contratación administrativa y enriquecimiento ilícito) o al menos de hacer más complicada e ineficiente su aplicación.
Comisiones especiales, entes de máxima descentralización, Unidades Ejecutoras creadas a propósito de algún plan, programa o proyecto, en muchas ocasiones se atribuyen o les asignan tareas que por ley competen a otras instituciones y así crece generosamente la maraña de acuerdos de directivas, directrices o decretos que legalizan la violación de leyes, hasta que se declare inconstitucional o ilegal.
Generosamente también, se utilizan empresas disfrazadas de fundaciones o que desarrollan subcontrataciones, así como adjudicatarios de licitaciones que ganan con una oferta técnica que no cumplen ya que subcontratan o renegocian; o por el contrario, entes que actúan a tal velocidad que cuando se descubren los desvíos de fondos ya estos se han cuasi perdido en la maraña de contratos muchos con las conocidas ternas falsas, subcomisiones y subcontrataciones.
Estas y otras múltiples formas han complicado de tal forma la acción del Estado y del Gobierno que no habrá manera de solventar alguna acción hacia la Gobernabilidad sin tratarlas con detalle y vislumbrar su superación.
La superación del Estado Paralelo es una pre-condición de la Gobernabilidad, más allá de que se apliquen o no las privatizaciones o cierres de instituciones ya obsoletas y que subsisten como fuegos fatuos en las ramas de los guayabos.

Manuel Argüello Rodríguez