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Un alcalde apaciguó los barrios más pobres y sangrientos atendiendo las necesidades de la gente y demostró que existe la Política con mayúsculas

Lo que transformó a Medellín

Una cosa es hablar de prevención y destinar fondos a programas sociales que nadie supervisa, con lo cual mucho dinero público se desperdicia, y otra muy distinta es tomar en serio la tarea de prevenir la delincuencia y la violencia mediante la atención real a las necesidades de la población.
Una clara demostración de ello es el artículo de análisis y opinión publicado ayer en este medio bajo el título “Del miedo a la esperanza”. En él se explica, y se muestra en fotografías del “antes” y el “después”, cómo un hombre en Colombia, Sergio Fajardo, quiso aspirar a la alcaldía de su ciudad, Medellín, no para servirse con el puesto sino para cambiar la realidad de la población. Lo logró.
Pudo apaciguar los barrios más pobres y sangrientos atendiendo las necesidades de la gente. Les devolvió su dignidad y demostró que existe la POLITICA con mayúsculas, esa que aquí ansiamos tanto.
La gente le dio su apoyo porque su proyecto no fue para despilfarrar ni para favorecer a algunos. Fue la población la que recibió, completo, el beneficio.
La financiación la obtuvo de ampliar la base de contribuyentes y de cobrar bien los impuestos. Los empresarios aceptaron una mayor colaboración temporal solidaria y los dueños de edificios también aceptaron el reto a sabiendas de que todos estarían mejor. Los recursos públicos de Medellín fueron bien usados y hasta logró cooperación internacional.
Pero el dinero no se fue por ningún resumidero. Solucionó el problema del transporte público en los barrios más pobres con lo más moderno. En solo cuatro años construyó diez colegios y remodeló 45, amplió de 8 mil a 23 mil los cupos universitarios, edificó cinco Parques Biblioteca, con guarderías, salas de conferencias y centro de computación.
Medellín padecía, al igual que la Costa Rica de hoy, dos sistemas educativos con sus nefastas consecuencias: el de los ricos y el de los pobres.
Fajardo aumentó de cuatro a 64 las guarderías infantiles incluyendo una “Supermegaludoteca” que atiende a 1.200 niños mientras sus padres trabajan. Todos edificios modernos y con bellos diseños para tornar la educación un objeto de culto y mediante ella, el arte y la psicología dar una lucha frontal contra las raíces de la violencia.
Lo logró. Desde luego. Construyó un Parque para la Ciencia y la Tecnología, un moderno Jardín Botánico, centros para desarrollo empresarial y salones de Internet para las comunidades marginadas, entre otros sitios adonde da gusto ir.
Cuando la gente es atendida así en sus necesidades, no siente ninguna atracción por trabajar para los generadores de violencia. Esto lo hacen cuando ven avanzar la desigualdad y se quedan sin esperanzas. Y aquí… ¿qué hacemos?
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