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Miércoles 27 Mayo, 2009

Lecciones para aprender de un orgullo nacional

Hace 18 años participé con algunos compañeros en la feria científica de mi colegio. Recuerdo que investigamos y analizamos el proyecto que Franklin Chang ya comenzaba a desarrollar en los laboratorios de la NASA para construir un motor de combustible a base de plasma que le permitiera al hombre llegar con mayor rapidez a destinos aún hoy inexplorados en otras partes del Universo.
Cuando presentábamos nuestro proyecto, explicábamos con luces de neón y fluorescentes dónde podíamos encontrar muestras de plasma, así como cuál era la gran ilusión de este costarricense que brillaba en la NASA. Recuerdo las caras de sorpresa e incredulidad de quienes visitaban nuestro puesto, tanto en el gimnasio del colegio como posteriormente en la Feria Científica que se desarrolló al final del año en la Facultad de Educación en la Universidad de Costa Rica, las cuales posiblemente ponían de manifiesto que era una idea loca, y que difícilmente se llegaría a concretar.
Asistiendo al cine, con grata impresión vi los prólogos de un documental que en los próximos días se presentará, producido por National Geographic, donde precisamente nos cuentan los avances que al día de hoy un costarricense, orgullo nacional, tiene sobre un proyecto que revolucionará el desarrollo científico del planeta y que posiblemente llegará a marcar de igual o mayor medida lo que para la historia significó el hecho de que un hombre pusiera un pie en la Luna en la década de 1960.
Al ver el avance del documental, a mi memoria vinieron las caras de incredulidad y asombro que vi al inicio de los años 90, pero particularmente me hizo reflexionar sobre cómo en esta misión científica que realiza Franklin Chang están presentes características que como país y como costarricenses deberíamos tener siempre presentes como lecciones de vida.
La primera de ellas es la oportunidad de pensar en grande, de mirar con optimismo que aun cuando somos un país pequeño esa no es una limitante para estar y jugar en las grandes ligas.
La segunda lección es que para alcanzar esa meta, debe existir planificación estratégica, que oriente, marque la pauta de cada paso y defina cada acción que debemos dar. Un enfoque estratégico en el que los objetivos que nos planteamos puedan articular la visión de corto, mediano y largo plazo, comprendiendo que el desarrollo de los grandes proyectos y de las grandes oportunidades se construyen por etapas, de manera ordenada y sin improvisaciones.
La tercera lección es que nada se alcanza si no hay estudio, análisis, aprendizaje y conocimiento. Son muchos años no solo de prueba y error, sino también de estudio, de permanente construcción de conocimiento.
Quien crea que con un título tocó el cielo con las manos, en el corto plazo podrá darse cuenta de que en lugar del cielo alcanzó el techo de una habitación que le impidió seguir creciendo y avanzando.
La cuarta lección, y posiblemente no la última, pero sí la que por el momento voy a mencionar es la dedicación, el compromiso y la responsabilidad de un científico que estoy seguro ha tenido en estos años de trabajo infinidad de limitantes, de obstáculos, de barreras que romper, pero cuya ilusión de alcanzar el sueño lo único que ha generado es que estos obstáculos le hayan brindado mayor energía, entusiasmo y compromiso por seguir trabajando.
Como costarricenses, debemos ver con ilusión las primeras pruebas de este proyecto en 2011. Como ciudadanos, debemos valorar y aprender de las lecciones que un costarricense, que siete veces salió de nuestro planeta, y que ha dedicado su vida a lo que más le gusta hacer, que nos sigue enseñando y mostrando como lecciones de vida, valores, principios, objetivos y proyectos que hace que un orgullo nacional, pueda estar a las puertas de revolucionar el desarrollo científico de nuestro planeta.


Luis Alvarez Soto
Politólogo