Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 5 Agosto, 2010


De cal y de arena

Laura, sin silla, algo pifia

Aunque los acólitos de este gobierno la repudien y les produzca asco, aquella jactanciosa sentencia del presidente Oscar Arias de que a doña Laura le quedaba la mesa servida y únicamente tendría que administrarla, está confirmándose con el sello de los hechos irrebatibles. Porque en estos primeros tres meses de su gestión, cuando no es exigible obra física ni reformas institucionales, la señora Presidenta no ha hecho más que administrar dentro de los linderos de una cancha que ciertamente marcó su predecesor.
A excepción del tono y la forma, que implican un estilo distinto de hacer y predicar relaciones sociales y políticas, por lo demás muy auspicioso y necesario, doña Laura ha dejado pasar tiempo valiosísimo para establecer objetivos, identidad, proyectos, una marca propia para su cuatrienio. Está administrando un legado con escrupulosa disciplina, como si no viera motivos para cambiar o para dar un golpe de timón. Bien puede ser por reflejo de la composición de su gabinete o de la fracción parlamentaria de Liberación Nacional. Sin duda, el poder fáctico está en Rohrmoser y doña Laura ni busca ni quiere el destete.
Tres meses de flamante presidencia y seguimos en veremos. Quizá doña Laura no participe del modelo depredador del estado social de derecho promovido por Arias conjuntamente con los dueños del poder económico y mediático, borrachos de angurria y codicia. Pero no se aparta. Titubeante en diversos temas capitales, colmó el vaso de agua cuando dejó que su inexperto y candoroso vicepresidente Alfio Piva manejara el delicadísimo tema de Las Crucitas hasta arrastrar a su gobierno a un penoso renunciamiento de principios y valores en grave daño de la calidad de vida del que él está consciente. ¿Por qué renunció al empleo de las potestades que acaba de reafirmarle la Sala Constitucional para derogar el pernicioso decreto de Arias que declaró de interés nacional y utilidad pública ese nocivo proyecto?
Priva la sensación de que el gobierno está “enclochado” y sufre un grave marasmo, en infausta coincidencia con un entorno internacional en el que aparecen señales de tormenta y cuando en el frente interno vamos hacia una crisis fiscal, con un lento despegue de la economía, tensiones por el indomable índice de pobreza y de inequidad, y porque no hay forma de que las cámaras y los sindicatos se desenguanten. Se nota la ausencia de liderazgo. Casi un vacío de poder. Para agravar los retortijones de tripas, revienta prematuramente la lucha de tendencias en Liberación Nacional, algo que tarde o temprano, con mayor o menor intensidad, va a acabar de descarrilar a un gobierno que así es caracterizado por el magín popular: algo pifia doña Laura “sinsilla”.

Alvaro Madrigal